Aberri eguna 2026 – zapiak bat: lo que vivimos, lo que exigimos

Puntu eta jarrai
2026-04-05 Aberri eguna
El 5 de abril volvemos a la calle. No porque nos lo hayan permitido. Sino porque aprendimos, hace mucho tiempo, que los derechos no se mendigan: se ejercen.
Nosotras lo sabemos bien. Somos la generación que vivió la prohibición. La que recuerda cuando hablar euskera en la calle, en la escuela, en casa, era un acto de resistencia. La que vio cómo ondear la ikurriña podía costarte la libertad, o algo más. La que conoció el Arrano Beltza, símbolo del Reino de Nafarroa, como algo que debía ocultarse, como si la propia historia de este pueblo fuera subversiva. Las celebraciones del Aberri Eguna, prohibidas. Las fiestas populares, vigiladas. El euskera, perseguido.
Esa historia no es pasado. Es el suelo sobre el que caminamos hoy.

El derecho que todos apoyan… desde lejos
La autodeterminación es un derecho reconocido internacionalmente. Muy fácil de defender cuando el territorio en cuestión está en la otra punta del mundo. Cuando está aquí, cuando somos nosotras, la cosa cambia.
Hay partidos que se llenan la boca con la palabra. Que la pronuncian con solemnidad en los congresos y en los mítines. Pero cuando llega el momento de sostenerla de verdad, cuando cuesta algo, cuando incomoda a sus aliados de Madrid o de París… no está en sus prioridades. Siempre hay algo más urgente.
Hemos visto lo que pasó en Kataluña. Hemos visto cómo el Estado respondió al ejercicio democrático con juicios, cárcel y exilio. Y hemos visto cómo muchos de esos mismos partidos miraban para otro lado.
Francia no se queda atrás. El mismo Estado que gestionó Argelia como si fuera suya. El mismo que administra Nueva Caledonia con la lógica de quien nunca se pregunta si puede equivocarse. El mismo que niega a Iparralde una territorialidad propia, como si el Bidasoa fuera una frontera natural y no una línea trazada por otros, hace siglos, sin preguntarnos.
Zazpiak Bat. Las siete provincias vascas. Una realidad que dos estados se empeñan en partir, administrar y diluir.

El euskera no es folklore
Hace unas semanas conocimos lo que ocurrió en Errenteria: una oferta pública de empleo para 25 plazas de personal administrativo tuvo que ser paralizada por el Ayuntamiento tras la presentación de un recurso organizado desde una plataforma euskarófoba. Los mensajes internos de esa plataforma lo decían con toda claridad: “Que alguien se apunte y recurra, es gratis”, “Cuantos más, mejor.” Gente que admitía no tener interés en las plazas. Gente con contrato fijo en la sanidad pública. El sabotaje como estrategia. La judicialización del euskera como herramienta.
Cuando llega la Korrika, todos corren. Las fotos, los lazos, los mensajes en redes. El euskera vende imagen, genera simpatía, queda bien. Pero cuando a alguien le ponen una denuncia por defender el euskera en una convocatoria pública, el entusiasmo desaparece. El euskera como escaparate. No como compromiso.
Nosotras lo vivimos cuando estaba prohibido. Sabemos lo que cuesta. Y sabemos distinguir entre quien lo defiende de verdad y quien lo usa cuando conviene.
Nafarroa: derechos negados, una vez más
El 12 de marzo, el Parlamento de Nafarroa votó en contra de que nuestra comunidad pudiera fijar un salario mínimo propio. PSN, PP, Contigo-Zurekin, Vox y una tránsfuga de Vox sumaron sus votos para rechazar la propuesta de EH Bildu y Geroa Bai. Una subida del SMI hasta 1.500 euros habría beneficiado a 80.000 trabajadoras y trabajadores navarros, en un territorio con el coste de la vida sistemáticamente más alto que la media estatal.
El argumento del PSN fue revelador: dijeron que la propuesta no iba de autogobierno, sino de “reivindicación soberanista.” Como si defender que Nafarroa pueda decidir sobre los salarios de su gente fuera algo de lo que avergonzarse.
Esto es lo que nos niegan hoy. No en abstracto. Aquí. Ahora.

Seguimos aquí , y os esperamos en la calle
Somos jubiladas y pensionistas. Hemos visto mucho. La represión, la clandestinidad, la Transición que no fue, los recortes que sí llegaron. Pero no hemos llegado hasta aquí para callar, ni para quedarnos en casa.
El Aberri Eguna es nuestra fiesta. Y lo decimos en serio: fiesta. No solo denuncia, no solo reivindicación, también música, también encuentro, también la alegría de sabernos pueblo. Un pueblo que existe, que tiene historia, que tiene lengua, que tiene derechos. Que lleva demasiado tiempo esperando que otros le reconozcan lo que nunca debieron negarle.
Este 5 de abril, a la calle. Con la memoria de lo que vivimos. Con la rabia de lo que seguimos aguantando. Y con las ganas de quienes saben que los derechos se conquistan juntas, en la calle, en voz alta.
Nosotras estaremos. ¿Y tú?
Zazpiak Bat. Puntu eta jarrai.
