Aberri Eguna: un día de patria, trescientos sesenta y cuatro de Génova

PNV: Partido del Negocio Vasco
Puntu eta Jarrai – gaurgeroa.eus
El 5 de abril, Plaza Nueva de Bilbao. Ikurriñas, «Aberria Bizi», discursos sobre pueblo, nación y autogobierno. El PNV se pone el traje de partido nacional vasco, el que reserva para estas ocasiones, como quien saca la vajilla buena una vez al año.
Al día siguiente, guarda el traje y vuelve al trabajo.
El socio de siempre
Hace menos de un mes, Feijóo revelaba en Bilbao que había mantenido con Aitor Esteban, recién estrenado presidente del EBB, «una conversación larga, sincera y respetuosa». La reunión la había pedido el propio PNV. Preguntado después, Esteban lo explicó con una naturalidad que da vértigo: «Reunirse con el PP es lo normal».
Lo normal. En el partido que en el Aberri Eguna advierte del peligro del «eje PP-Vox», sentarse con el PP es lo normal.
Y lo es porque siempre lo ha sido. El PNV apoyó a Aznar en 1996, le renovó el Cupo y le sostuvo la mayoría. Volvió con Rajoy en 2017 y 2018, firmó acuerdos por más de 5.000 millones de euros y salvó dos presupuestos. Nada nuevo. Lo que sí es más reciente es que la relación ya no se circunscribe a Madrid: en Gipuzkoa, el PP fue la llave para sacar adelante los presupuestos de la Diputación Foral de 2025 —1.218 millones, los más altos de su historia—, rechazando todas las enmiendas de la izquierda y aprobando las del PP. En Gasteiz, los votos populares impidieron que EH Bildu alcanzara la alcaldía. En Durango, lo mismo. En media docena de ayuntamientos alaveses, lo mismo.

La diferencia entre PP y PNV no es ideológica. Es territorial: una especie de reparto de cromos bastante eficiente. La CAV para unos; el resto del Estado para otros. Uno opera desde Génova 13; el otro, desde Sabin Etxea. Por lo demás, cuando hay que frenar a la izquierda abertzale, los batzokis y las sedes populares comparten, sin rubor, la misma agenda.
La patria que cabe en una comunidad autónoma
En el discurso del Aberri Eguna no apareció Nafarroa. No apareció Iparralde. Mientras EH Bai celebraba en Baiona que Euskal Herria es una nación con derecho a decidir, el PNV celebraba en Bilbao que la CAV funciona bien. Son proyectos distintos: uno nacional; otro, autonómico con buena marca.
El PNV lleva décadas usando el lenguaje del primero para gestionar el segundo. Es un uso muy eficiente del euskera.

El Partido del Negocio Vasco
Ortuzar lo resumió mejor que ningún analista: «Estamos en una situación buena y la vamos a aprovechar para obtener cosas contantes y sonantes». Esa frase vale más que todos los discursos del Aberri Eguna juntos. No es cinismo: es la declaración de principios más honesta que ha hecho el partido en décadas.
El PNV no tiene ideología de alianza. Tiene aritmética. Con Aznar, con Zapatero, con Rajoy, con Sánchez, con el PP en Gipuzkoa, con Feijóo si toca. Lo llamativo no es que pacten con la derecha española. Lo llamativo es que lo hagan el lunes después de haber hablado el domingo de patria y pueblo.
«Aberria Bizi», decía el lema. Sí. Y el negocio, también.

Tal y como actúan los del PNV en todos los ambitos yo diría que más que Partido del Negocio Vasco, deberíamos decir Puto Negocio Vasco.
Cuando se celebraron las primeras elecciones autonómicas, mi aita me pidió mi opinión sobre las mismas y finalmente me dió las suyas mucho más acordes con la realidad demostrada día a día.
Me dijo: el denominado PSOE que no es ni socialista ni obrero, ni ha sido ni es, ni será jamás amigo del pueblo vasco. Y el mayor enemigo del pueblo vasco es el que se auto denomina Partido Nacionalista Vasco.
Pensé que mi aita tenía 40° de fiebre, pero el tiempo me ha demostrado que lo que tenía era el 100 % de conocimiento.