Alemania se desarma socialmente para armarse militarmente: Euskal Herria como respuesta

Puntu eta jarrai
El refrán nunca fue tan certero: “cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Lo que está ocurriendo en Alemania debería encender todas las alarmas en Euskal Herria, en el Estado español y en toda Europa. No es solo una crisis económica: es la liquidación programada del Estado del bienestar en favor del negocio de la guerra.
El modelo alemán: recortes sociales para blindar el rearme
Friedrich Merz ha declarado sin tapujos desde el congreso del CDU que “el Estado del bienestar ya no es sostenible financieramente”. Su propuesta es clara: Alemania debe destinar entre el 2% y el 4% del PIB al gasto militar, financiándolo con recortes en el gasto social y migratorio por 100.000 millones de euros.
Las cifras son demoledoras y las contradicciones evidentes. Mientras se anuncian estos recortes masivos, la industria automotriz alemana ha perdido más de 51.000 empleos en el último año, lo que representa un 6,7% de la mano de obra del sector. El sector del motor ha destruido un 6,5% de empleo según la Agencia Federal de Empleo, con 780.000 personas trabajando actualmente en la industria. Una economía en recesión que recorta empleos civiles pero multiplica el gasto militar.
Las cifras son demoledoras. El déficit de los seguros médicos estatales subió de 1.900 millones de euros en 2023 a 6.200 millones en 2024, con estimaciones que sitúan el déficit de 2025 entre 10.000 y 27.000 millones. Mientras tanto, más de 10 millones de pensionistas alemanes sobreviven con menos de 1.100 euros al mes, situándose bajo el umbral de la pobreza.
¿La prioridad del gobierno alemán? Recortar el 10% de la plantilla de empleo público de aquí a 2029 para costear el mayor gasto militar de la historia europea.
El Estado español cumple con la OTAN: 10.471 millones extra “sin tocar el Estado del bienestar”. ¿Y de dónde sale el dinero?
La presión militar se extiende por toda Europa. El Estado español ya ha alcanzado el 2% de gasto de su PIB en Defensa en 2025, saltando de golpe del 1,4% al 2%, cumpliendo por primera vez con el objetivo acordado en 2014.
Lo significativo no es solo la cifra, sino el método y la pregunta que no responde: ¿de dónde sale el dinero? Sánchez ha movilizado 10.471 millones de euros extra “sin subir impuestos ni tocar un céntimo de euro en inversión en estado de Bienestar”, según sus propias palabras. La magia presupuestaria siempre aparece cuando se trata de armas, pero nunca nos explican el truco.
Por primera vez en la historia de la OTAN, todos los países miembros han alcanzado la cota del 2% del PIB en gasto militar. Pero esto es solo el principio. El Estado español negoció con la OTAN destinar el 2,1% del PIB “sin necesidad de elevar el gasto al 5%”, aunque la presión para alcanzar esa meta sigue siendo implacable.
¿Contra quién nos estamos armando realmente?
La pregunta central que nadie formula es incómoda pero necesaria: ¿para qué necesita Europa semejante arsenal? ¿Contra quién nos estamos preparando para la guerra?
En Gaza asistimos a un genocidio retransmitido en directo. En Ucrania, la guerra se ha convertido en un negocio interminable para las industrias armamentísticas. Pero más allá de estos conflictos concretos, lo que se está construyendo es la lógica del matonismo global: quien tiene más armas impone su ley, quien acumula más dinero compra más poder.
Es un proyecto suicida que convierte pueblos enteros en rehenes de intereses ajenos. Las guerras se perpetúan porque generan beneficios, no porque resuelvan conflictos. Y mientras las empresas de armamento hacen su agosto, las familias trabajadoras de toda Europa pagan con inflación, precariedad y el desmantelamiento de sus derechos sociales.

Euskal Herria: siete años y medio de resistencia anticipada
En Euskal Herria no hemos esperado a que nos dicten el futuro. Llevamos siete años y medio de lucha pensionista ininterrumpida, llenando las calles incluso en pleno verano, porque intuíamos lo que vendría: el sacrificio de los derechos sociales en el altar del rearme.
La ILP de las pensiones, respaldada por 145.142 firmas, no es un trámite administrativo más. Es una propuesta de sentido común que plantea igualar el salario mínimo y la pensión mínima, garantizando que nadie viva por debajo de la dignidad. Frente a quienes nos quieren hacer elegir entre pensiones miserables o cañones relucientes, nuestra exigencia es cristalina: primero la vida, después las armas.
Las 2.000 personas que tomaron las calles de Bilbao en plena Aste Nagusia no protestaban solo por una cifra presupuestaria. Defendían un modelo de sociedad que no acepta la guerra como destino inevitable.

Los verdaderos dueños del poder
Detrás de las decisiones políticas están siempre las mismas: las grandes corporaciones que hacen negocio con la crisis, con la guerra, con la precariedad. En Alemania, la industria armamentística dicta la agenda política. Aquí lo vemos en la banca, en las constructoras, en las farmacéuticas, en los grandes grupos energéticos… e incluso en el deporte convertido en escaparate de intereses económicos.
El presidente de la Real Sociedad no es nuevo en este juego. El fútbol es solo la cara amable de un entramado que lleva años condicionando presupuestos, políticas y decisiones estratégicas. Lo que Merz representa en Alemania con la industria militar, lo representan aquí los lobbies locales que han convertido tanto los gobiernos de Ipar Euskal Herria como de Hego Euskal Herria en gestorías al servicio de sus intereses.
La claudicación europea y sus cómplices
Europa ha claudicado. Se presenta como garante de paz mientras firma cheques billonarios para la guerra. Pactos con Trump, obediencia a la OTAN, silencio ante los recortes sociales. Todo apunta a un continente militarizado y socialmente empobrecido, donde los pueblos son rehenes de quienes acumulan demasiado poder.
Como ya denunciamos en gaurgeroa.eus, vivimos en un patio mundial donde hay matones, víctimas y cómplices silenciosos. La Unión Europea se ha convertido en cómplice de los matones: lejos de construir paz y justicia social, funciona como caja de resonancia de los intereses de guerra.
Euskal Herria como espejo y respuesta
La diferencia es que aquí no somos cómplices silenciosos. Euskal Herria puede ser el espejo donde otros pueblos de Europa se miren para encontrar alternativas. Nuestra lucha no es solo por las pensiones: es por un modelo de sociedad que rechaza el matonismo como método y la guerra como horizonte.
En Gaza, nuestro pueblo demostró su solidaridad internacionalista en las calles. Cuando pase la Vuelta ciclista y participe el equipo de Israel, volveremos a demostrarlo. La coherencia no es negociable: quien defiende la vida aquí, la defiende en todas partes.
La ILP, las movilizaciones, los siete años y medio de lucha constante son nuestra garantía de dignidad. Hemos demostrado que se puede anticipar, resistir y construir alternativas. Lo que se discute hoy en Alemania si habrá dinero para pensiones o si todo irá a los tanques, aquí lo llevamos años denunciando.

Conclusión: ¿qué mundo dejamos a nuestras hijas y nietas?
Decimos que queremos a nuestras hijas e hijos y nietas, que luchamos por nuestra sociedad. Pero ¿qué mundo estamos dejando a las generaciones venideras? Un mundo donde se recortan empleos civiles pero se multiplican los presupuestos militares. Donde se pueden encontrar 10.471 millones para armas pero no hay dinero para igualar pensión mínima y salario mínimo.
Alemania nos muestra el camino que quieren imponernos: un Estado que desarma socialmente a su pueblo para armarse militarmente contra enemigos difusos, mientras la industria civil entra en recesión y se destruyen decenas de miles de empleos. Un modelo donde los lobbies de la guerra dictan las políticas mientras millones de personas ven degradarse sus condiciones de vida.
En Euskal Herria, la respuesta está clara: dignidad frente a miseria, vida frente a guerra, resistencia popular frente a claudicación institucional. No aceptamos que nos hagan elegir entre derechos sociales y seguridad, entre pensiones dignas y presupuestos militares. No queremos dejar a nuestras descendientes un mundo donde la vida se sacrifica en el altar de la guerra.
Lo que está en juego no es una partida presupuestaria: es el rumbo de nuestras sociedades y el futuro que construimos para quienes vendrán después. Y mientras otras esperan a que les dicten el destino, nosotras seguimos construyendo alternativas desde la calle, desde la organización popular, desde la certeza de que otro mundo es posible si nos atrevemos a luchar por él.
Cuando las barbas del vecino arden, ponemos las nuestras a remojar. Pero también encendemos la antorcha de la resistencia para que el fuego de la dignidad ilumine el camino hacia un futuro sin guerras ni miserias programadas. Porque las generaciones futuras nos preguntarán: ¿qué hicisteis cuando aún había tiempo de cambiar el rumbo?

no nos olvidemos de la prensa y las cadenas de difusión.pues aquí en Euskalerria tenemos al enemigo en casa.(bocento y compañía aunque algunos q todos conocemos van de ovejas muy limpias)
Sobran la Comunidad Europea, la OTAN y todas las mafias que están dirigiendo a Europa al abismo.
Está claro que todo está programado y los pueblos no tienen, de momento, lo que hace falta para frenar la locura y el saqueo y, si no se hace nada, nos entregamos a la decadencia y el desastre.