Cincuenta años después: cuando la abstención pesa más que el silencio

Puntu eta Jarrai
El pasado mes de noviembre se cumplieron cincuenta años de la muerte de Franco. El dictador murió, pero el franquismo no murió con él. Lo dejó todo “atado y bien atado”, y la violencia de Estado continuó practicándose con total impunidad. El 3 de marzo de 1976, apenas cuatro meses después del fin oficial de la dictadura, las balas de la Policía Armada segaron cinco vidas en Gasteiz. En julio de 1978, durante los Sanfermines, el Estado volvió a asesinar en Iruña.
Han pasado casi cincuenta años desde aquellos crímenes. Medio siglo en el que las familias, las amigas, las compañeras de Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral han mantenido encendida la llama de la memoria. Casi cincuenta años en los que ni una sola responsable política ha sido juzgada, ni un solo cargo policial ha rendido cuentas, ni el Estado español ha reconocido su culpa directa en aquellas masacres.
Y ahora, después de medio siglo de la muerte de Franco, el pasado 21 de noviembre, el Pleno del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz tuvo finalmente la oportunidad histórica de dar un paso adelante. Las asociaciones Martxoak 3 y Sanfermines 78 Gogoan, custodias infatigables de una memoria que incomoda, presentaron una moción para exigir al Gobierno de España el reconocimiento oficial de su responsabilidad en los crímenes del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz y en los Sanfermines de 1978 en Iruña. Una petición justa, necesaria, ineludible.
EH Bildu, PNV y Elkarrekin votaron a favor. El PP y el PSE-EE se abstuvieron.

La abstención como respuesta
La abstención del Partido Popular no sorprende a nadie. Su genealogía política les ata al franquismo con cadenas que nunca han querido romper. Pero la abstención del PSE-EE, del partido que gobierna Gasteiz en coalición con el PNV, duele de otra manera. Duele porque traiciona la memoria de las víctimas. Duele porque desprecia el trabajo de décadas de las asociaciones. Duele porque revela que, cincuenta años después, las herederas de aquel Estado represor siguen prefiriendo el silencio cómplice antes que la verdad.
¿Qué explicación puede haber para abstenerse ante una moción que solo pide verdad, justicia y reparación? ¿Qué cálculo político pesa más que la dignidad de aquellos trabajadores asesinados por defender sus derechos? ¿Qué miedo paraliza a quienes se presentan como defensoras de la democracia cuando llega el momento de señalar las violencias del Estado?
La respuesta está escrita en la historia de la Transición: ese pacto no escrito que blindó la impunidad, que dejó intactos los aparatos represivos del franquismo, que nunca depuró responsabilidades. El PSE-EE, como parte de ese sistema, sigue atrapado en las ataduras de un pasado que se niega a confrontar. Prefiere la estabilidad institucional a la justicia. Prefiere no incomodar al poder a reparar el dolor de las víctimas.

A las que nunca se rindieron
Pero esta no es una historia solo de abandonos institucionales. Es, sobre todo, una historia de resistencia. De madres que bordaron banderas clandestinas. De compañeras que levantaron monolitos en la oscuridad. De sindicalistas que cada 3 de marzo, durante casi cincuenta años, han recorrido las calles de Gasteiz gritando que aquello no fue un accidente: fue un crimen de Estado.
Es la historia de la Asociación Martxoak 3, que ha mantenido viva la llama cuando las instituciones miraban hacia otro lado. De las familias que, generación tras generación, han transmitido los nombres y las historias de sus muertos para que nadie olvide. De las abogadas, historiadoras, periodistas y artistas que han documentado, investigado y denunciado la impunidad. De las miles de personas que cada año se congregan ante el monolito de Zaramaga para decir: aquí estamos, no olvidamos, no perdonamos, seguimos exigiendo.
Son ellas, las que han resistido contra viento y marea, las verdaderas guardianas de la democracia. No las instituciones que se abstienen. No las políticas que calculan votos. No las herederas de un sistema que se construyó sobre el silencio y la impunidad.
Cincuenta años después de Franco, el Ayuntamiento de Gasteiz aprueba exigir responsabilidades
Gasteiz, Iruña, Donostia, Astigarraga, Basauri. Los nombres de los lugares donde el Estado español asesinó impunemente durante la Transición. Germán Rodríguez en Iruña. Joseba Barandiaran en Donostia. Vicente Antón Ferrero en Basauri. Y los cinco de Gasteiz. Todos ellos, víctimas de un franquismo que no murió con Franco, que se recicló, que se blindó con leyes de amnistía que protegían a las torturadoras y con pactos de silencio que enterraron la verdad.
La Ley de Memoria Democrática de 2022 abrió una pequeña ventana. Las asociaciones han tramitado cuarenta solicitudes de reconocimiento. La iglesia de San Francisco de Asís será declarada Lugar de Memoria Democrática. Se han desclasificado algunos archivos. Pero sin reconocimiento político, sin admisión de culpa, sin justicia real, todo eso no pasa de ser un gesto simbólico que no repara el daño ni garantiza que no se repita.

Un mensaje a la alcaldesa Etxebarria
Alcaldesa Maider Etxebarria, usted se convirtió en junio de 2023 en la primera mujer en ocupar la Alcaldía de Gasteiz. Un hito histórico del que se sintió, con razón, orgullosa. Habló entonces de igualdad, de compromiso democrático, de una ciudad para todas.
Pero la democracia no se mide solo en los avances del presente. Se mide también en la honestidad con el pasado. Y su abstención el pasado 21 de noviembre envía un mensaje terrible: que la memoria de cinco trabajadores asesinados, que el dolor de sus familias, que el trabajo de décadas de las asociaciones de víctimas, no merecen siquiera un “sí”.
No se puede gobernar Gasteiz mirando hacia otro lado cuando llega el momento de decir la verdad. No se puede invocar la convivencia democrática mientras se protege con el silencio a un Estado que nunca rindió cuentas. No se puede ser alcaldesa de una ciudad marcada por la sangre del 3 de marzo y abstenerse cuando se le pide que exija justicia.
Su partido, el PSE-EE, arrastra el peso de la Transición. Lo entendemos. Pero usted, como primera alcaldesa de Gasteiz, tenía la oportunidad de romper con esa herencia. De decirle a las víctimas: estamos con vosotras. De decirle al Estado: esto fue un crimen y debe reconocerse.
Eligió no hacerlo. Y esa elección quedará en la historia.
La lucha continúa
La moción aprobada en Gasteiz viajará ahora a otros ayuntamientos: Iruña, Donostia, Astigarraga, Basauri. La campaña “ESTATUA ERANTZULE / RESPONSABLE: EL ESTADO” seguirá creciendo. Las asociaciones no se rendirán. Las familias seguirán exigiendo. Las miles de personas que cada año se manifiestan seguirán gritando en las calles lo que las instituciones no se atreven a decir en los plenos.
Porque cincuenta años después, la herida sigue abierta. Y mientras no haya verdad, justicia y reparación, no habrá paz. No habrá cierre. No habrá perdón.
La memoria de Pedro, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido no se negocia. No se olvida. No se abandona.
Y si las instituciones no están a la altura, serán las calles, como siempre, las que sigan escribiendo la historia.
Aupa a todas las que nunca dejaron de luchar. A las de Martxoak 3, a las de Sanfermines 78 Gogoan, a las familias, a las sindicalistas, a las compañeras de memoria. Vuestra dignidad es infinitamente mayor que cualquier cálculo político.
Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición.
Ahora y siempre.

Es cierto, no habrá paz mientras no haya justicia
muy buen artículo, muy bien expresado, felicitaciones, estoy muy de acuerdo
una vez más un PSOE cobarde y calculador de votos le da la espalda a las víctimas del franquismo, manteniendo a las familias sin el reconocimiento necesario de un gobierno que se hace llamar de progreso. no, puede ser de progreso cuando se mantiene impune los crímenes cometidos por los fascistas.