Contra el belicismo, defendamos los derechos sociales.

Articulo de : Javier Zulaika es miembro del movimiento de pensionistas y Gerrarik Ez
El nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lleva meses diciendo que debemos armarnos para librar una guerra contra Rusia. Y con ese pretexto, ha solicitado a nuestros gobernantes que impongan recortes en pensiones, sanidad y educación, para incrementar sustancialmente el gasto militar.
Ursula Von Der Leyen se ha sumado a la propuesta, anunciando que la Unión Europea destinará 800.000 millones para la compra de armamento, pero sin aclarar de dónde saldrá dicho dinero. Por su parte, Pedro Sánchez anuncia que incrementará el gasto militar, pero dice que no afectará al gasto social. Es como si nos anunciase un milagro.
Los gobernantes europeos saben que ese dinero saldrá de recortar el estado del bienestar, pero lo ocultan, por temor a despertar el rechazo social. Por contra, al Secretario General de la OTAN, que solo depende de Washington, el descontento de los europeos se la trae al pairo, y no le importa declarar públicamente que ese dinero debe salir de pensiones, sanidad y educación.
Por los mismos motivos, se oculta la cantidad de dinero que se quiere destinar a preparar la guerra. Se empezó diciendo que sería un 2% del PIB, pero Alemania y Francia ya pretenden elevarlo hasta el 3%. Por su parte, Mark Rutte aclara que los países de la OTAN que no inviertan en investigación militar tendrán que gastar el 4%. Y por último, Donald Trump exige a los gobiernos europeos que eleven su gasto militar hasta el 5%. ¿Quién creéis que dice la verdad?
Si no respondemos, el gasto terminará elevándose hasta el 5% del PIB, como quiere Trump. Es decir, gastaríamos 915.000 millones de euros cada año, más de lo que actualmente gasta EE.UU. Lógicamente, eso nos conduciría a la militarización de Europa y a la crisis del estado de bienestar.

Los grandes medios de comunicación intentan manipular a la opinión pública, asustándonos con una “invasión rusa”. Este tipo de noticias y comentarios tienen muy poca base. Es cierto que Rusia ha invadido Ucrania y que por ello debe ser condenada, pero no es menos cierto que la OTAN, con su expansionismo, provocó el conflicto al llevar las bases norteamericanas y su amenaza nuclear hasta las fronteras rusas.
No sabemos si en los próximos años Rusia invadirá otro país; es imposible saberlo. Pero para evitarlo, parece más lógico sentarse con ellos e intentar acordar un marco de convivencia y desarme que meternos en una carrera armamentística que provocará, automáticamente, una reacción simétrica en Moscú. Además, Rusia no necesita las materias primas de otros; ya tiene petróleo, gas, tierras raras, hierro, aluminio, cereales, etc. Rusia lo que necesita son compradores; lleguemos a un acuerdo con ellos.
Otra idea repetida desde los medios de comunicación es que, “si quieres la paz, debes prepararte para la guerra”. Basta con repasar la historia europea para ver que eso no es cierto. En 1900 se desató una carrera armamentística en Europa que nos condujo directamente a la Primera Guerra Mundial. Y el militarismo previo a la Segunda Guerra Mundial tampoco evitó la matanza.
Por contra, durante la tremenda escalada militar que supuso la Guerra Fría, el choque armado directo entre potencias se evitó mediante la negociación. En 1962, ante la crisis de los misiles de Cuba, Kennedy y Kruschev evitaron la catástrofe nuclear, negociando. Luego, de 1973 a 1975, se negociaron los acuerdos de Helsinki, abriendo un periodo de distensión. Y por fin, en 1987, se pudo lograr un acuerdo crucial de reducción de armamento nuclear (Tratado INF), gracias a la negociación entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov.
La historia es clara: si quieres evitar la guerra, necesitas sentarte con tu oponente, escucharle y resolver los problemas que podrían propiciar el enfrentamiento armado.
¿Qué podemos hacer los pensionistas contra la escalada militar?
En primer lugar, seguir a lo nuestro. Defender los derechos sociales conquistados y extenderlos en la medida de lo posible. No aceptar el discurso de que “es necesario apretarse el cinturón” o que “la seguridad es lo primero” o que “debemos ser socios fiables de la OTAN”. Tras estas frases vacías se ocultan el giro ideológico hacia la extrema derecha y el militarismo de toda la clase dirigente en Europa, los intereses económicos de la industria militar y la voluntad empresarial de utilizar el miedo para recortar derechos aumentando sus beneficios.
En segundo lugar, deberíamos incorporar a nuestro discurso la denuncia del belicismo y la guerra. Manifestando abiertamente nuestra preocupación por las decisiones que están tomando nuestros gobernantes y el peligro que supone para nuestros derechos sociales.
En tercer lugar, coordinarnos y movilizarnos contra la guerra, cuando sea posible. Hoy no existe un movimiento antibelicista, no hay nada comparable a la ola solidaria que ha desatado Gaza, pero no descartemos que se puedan producir en función de cómo se desarrollen los acontecimientos.
Y sobre todo, nunca olvidemos que : “la guerra es un lugar donde gente que no se conoce y no se odia se mata entre sí, por las decisiones de políticos y oligarcas que se conocen y se odian, pero no se matan”.
