“Cortijo El Pilarsito” Residencia Errezabal. 14 años de mentiras

En Duintasuna-Gaurgeroa estamos muy preocupados con el proyecto y la gestión de la que será según parece la nueva residencia que va a ocupar los antiguos terrenos donde se ubicaba el colegio del Pilar.
La historia de la residencia Errezabal es una de tantas en este país: una historia de mentiras, promesas incumplidas, engaños e intereses entrecruzados; donde el interés principal nunca es el bienestar de las personas, sino otros que en nada tienen que ver con eso.
Fue en marzo de 2009 cuando el pleno del Ayuntamiento de Elgoibar aceptó la donación por parte de la Diócesis de lo que fue el colegio de El Pilar. Mediante esa donación se pagaba una deuda de 72.000 euros que tenía la parroquia de Elgoibar con la Diócesis y la asociación de padres de alumnos.
En octubre del año 2009, salió a concurso la redacción del proyecto básico: una residencia para personas mayores con capacidad para atender de 144 a 180 personas. La licitación ascendía a 191.800 euros (los costes reales no se saben). El alcalde de Elgoibar de aquel entonces, el sr. Etxeberria, dijo que la residencia sería una realidad en el año 2014.
No es hasta septiembre de 2013 cuando adjudican la demolición del edificio a la empresa Murgil Eraikuntzak. Unas obras que cuentan con un presupuesto de 157.188 euros y un plazo de ejecución que se sitúa en torno a los dos meses.
Durante todos estos años han sido varios los dirigentes políticos que han utilizado la residencia de Elgoibar como propaganda electoral. Han pasado por Elgoibar diputados generales como Olano (el ciclista no, el otro).
En medio, surgieron proyectos como “Etxean Bizi”, que tenía buena pinta pero nadie sabe que ocurrió ni cuáles fueron los resultados. Desde fuera parecía buena idea: vivir en tu casa. Seguramente, duró hasta que se gastó el dinero, ¿pero dónde están los resultados? ¿Qué ocurre, que a los de siempre no les quedaba negocio?

Estamos (están) en campaña electoral, vale todo, pero la realidad está ahí. Las personas tenemos derecho a participar en las decisiones que atañen a nuestro futuro. Y queremos hablar, debatir y decidir sobre el modelo de residencia que queremos. Es nuestro derecho y lo queremos ejercer.
No tienen reparo en pavonearse vendiendo su proyecto, cuando su gestión durante estos 14 años ha sido vergonzosa. Fotos y más fotos y postureo. ¿Este es el futuro que nos espera a las personas mayores? Con gestores como estos no tenemos futuro.
En la actualidad, en las residencias los residentes son enfermos, enfermos con diferentes patologías. Sin embargo, las residencias no están preparadas como una clínica y durante la pandemia se notó gravemente esa carencia.
No hay debate. La participación ciudadana no existe. Solamente existe para ver de qué color se puede hacer un bidegorri, por ejemplo. En 14 años de mentiras se podía haber analizado, debatido, analizar modelos residenciales e incluso profundizar. Se podría haber explicado a las elgoibarresas los pros y contras del programa “Etxean Bizi”.
Ahora, seguramente se realizará la obra de la residencia (cuando durante la pandemia se decía que las residencias tienen que ser pequeñas porque se gestionaban mejor). Ahora vienen con un proyecto de macro-residencia, macro, lo más grande del mundo mundial, pero la verdad sale a la luz al analizar dónde se queda el dinero.
Si la Diputación le concede la gestión de una residencia a una empresa “amiga” por 3.000 euros por residente, ¿qué ocurre si al empresario no le salen las cuentas? ¿De dóde quita para poder tener negocio? Evidente, del personal, peores sueldos, menos personal, menos calefacción, peor comida… Buen ejemplo de estos es la larga huelga de las trabajadoras donde reclamaban, entre otras cosas, más tiempo para estar con cada residente.
En un suelo público se va a construir un edificio público para prestar un servicio público, pero el negocio lo va a hacer una empresa privada (Biarko?) seguramente amiga y la construcción será a cargo de otra empresa amiga (¿Amenabar? ¿O de otra constructora amiga?).
Lo que necesitamos es, en primer lugar, debate sobre cuál es el modelo residencial que necesitamos. Creemos que tiene que ser de gestión pública. Que los que hagamos negocio seamos las personas mayores en beneficio de los residentes, que las trabajadoras tengan un trabajo digno, no solamente por ellas sino que repercuta en la calidad del servicio hacia las personas residentes.

