Crisis, poder y lo público en Euskal Herria: lecciones pendientes desde 2008

Puntu eta jarrai

Las crisis no cambian el modelo por sí solas; la organización y la construcción colectiva son la clave para garantizar derechos.

Resumen
La crisis de 2008 evidenció la fragilidad de un modelo económico basado en la especulación, pero también su capacidad de adaptación. En Euskal Herria, la movilización sostenida de las pensionistas demostró que la organización colectiva puede modificar decisiones políticas aparentemente inamovibles. Lo público no se garantiza por inercia: debe defenderse y construirse. El reto es frenar su mercantilización y diseñar alternativas que sitúen los derechos sociales en el centro. El futuro dependerá de la propuesta y la acción organizada.

Crisis, poder y lo público en Euskal Herria: lecciones pendientes desde 2008

La quiebra de una gran entidad financiera en 2008 no fue solo un hecho bursátil; fue la evidencia de un modelo económico que había situado la especulación en el centro de la vida cotidiana. Sus consecuencias se extendieron más allá de los mercados: empleo, salarios, pensiones, sanidad pública y cuidados se vieron afectados, y la recuperación tardó años en consolidarse.

La historia reciente demuestra que las crisis, por sí mismas, rara vez transforman la estructura de fondo. El modelo económico dominante se adapta, mantiene su lógica de crecimiento constante y financia intereses privados, incluso por encima de lo público.

La resiliencia del sistema y sus límites

El sistema económico muestra una notable capacidad de adaptación, pero no es invulnerable. Allí donde la ciudadanía se organiza, donde la constancia sustituye a la indignación momentánea, se producen cambios reales.

En Euskal Herria, la recuperación de la revalorización de las pensiones conforme al coste de la vida no fue un regalo institucional: fue fruto de la movilización sostenida de las pensionistas, que mantuvieron viva su reivindicación semana tras semana. Esta experiencia demuestra que los derechos sociales pueden preservarse cuando la sociedad actúa de manera organizada y perseverante.

Lo público y su mercantilización

El modelo económico contemporáneo ha extendido la lógica de mercado a espacios tradicionalmente considerados derechos: sanidad pública, cuidados, pensiones y educación. Esta tendencia convierte los servicios públicos en variables de eficiencia y rentabilidad y reduce a las personas a su función productiva y consumidora.

Defender lo público no es un acto simbólico: es una construcción histórica. Mantener la titularidad pública no garantiza por sí sola universalidad ni calidad; se requiere participación, estrategia y vigilancia constante.

El déficit de construcción

Criticar el modelo es necesario, pero insuficiente. La elaboración de alternativas integrales —un modelo económico sostenible, justo y socialmente responsable— es mucho más compleja. Formular propuestas que articulen producción, fiscalidad, transición ecológica y blindaje de derechos sociales requiere imaginación institucional, coordinación y tiempo.

El desafío es doble: resistir la mercantilización de lo público y diseñar propuestas viables que no reproduzcan la lógica de mercado. Señalar responsabilidades externas puede ser necesario; construir alternativas sólidas es imprescindible.

Cinco lecciones pendientes

  1. Aprender de la historia: reconocer patrones de fragilidad y adaptación del sistema.
  2. Movilización efectiva: la experiencia de las pensionistas demuestra que la presión social organizada puede cambiar decisiones aparentemente inamovibles.
  3. Raíz territorial y comunitaria: la cultura cooperativa y la tradición de participación en Euskal Herria son herramientas para sostener derechos y propuestas locales.
  4. Autocrítica constructiva: criticar no basta; es necesario formular alternativas claras y sostenibles.
  5. Reconocer la mercantilización: lo público y la vida de las personas no deben ser variables de ajuste; defender derechos requiere acción colectiva constante.

Hacia adelante: construir desde lo colectivo

Las crisis de 2008 y 2020 demostraron la fragilidad de la economía y la resistencia del sistema. La cuestión abierta no es solo si podrá soportar nuevas convulsiones, sino si será capaz de orientarse hacia un horizonte en el que pensiones, sanidad pública y cuidados no sean costes a contener, sino derechos a garantizar.

La experiencia enseña que la transformación no surge de la indignación aislada: surge cuando la crítica se convierte en propuesta, cuando la movilización se transforma en construcción y cuando la sociedad se organiza para decidir por sí misma.

El desafío es histórico y colectivo: sostener y renovar lo público frente a la mercantilización, y construir un modelo que sitúe la dignidad de las personas en el centro. Esa sigue siendo la tarea pendiente.

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