Cuando la espera se convierte en abandono: El colapso de la Cardiología en Osakidetza

La carta que una paciente pensionista ha recibido de Osakidetza, OSI Debagoiena, firmada por Carlos Barbuso Barés, director gerente de la organización, resume en unos párrafos la crisis estructural que atraviesa nuestra sanidad pública. Una crisis que el lehendakari Imanol Pradales y el consejero de Sanidad, Alberto Martínez, parecen empeñados en minimizar mientras los hechos gritan lo contrario.
Quince meses de silencio
La paciente solicitó su cita de cardiología hace quince meses. Quince. En ese tiempo, las revisiones que antes eran semestrales pasaron a ser anuales, y ahora se han convertido en una quimera de año y medio o más. La respuesta que ha recibido no es una disculpa: es una confesión de fracaso institucional.
Osakidetza reconoce sin pudor que está “anulando de manera puntual las consultas” porque sus cardiólogos se han marchado. No es una reorganización temporal, como pretenden vendernos con eufemismos burocráticos. Es un éxodo profesional provocado por años de precariedad, saturación y falta de planificación.

La contradicción como política sanitaria
La carta oscila entre la admisión de culpa y la promesa vacía. Por un lado, reconoce “la imposibilidad de contratar profesionales”; por otro, asegura que están “intentando solucionar” la situación “de la mejor manera posible teniendo en cuenta los recursos con los que contamos”.
¿Qué recursos? ¿Los de un presupuesto que supera los 4.000 millones de euros y que, sin embargo, no logra retener a especialistas ni garantizar citas médicas en plazos razonables? La pregunta no es retórica: es una exigencia de rendición de cuentas.
La privatización silenciosa
Mientras Osakidetza se desangra, la sanidad privada crece. No es casualidad: es estrategia. Cada consulta cancelada, cada profesional que se marcha, cada lista de espera que se alarga, empuja a la ciudadanía hacia un modelo donde quien puede pagar, paga. Y quien no puede, espera. O empeora.
La diferencia con Isabel Díaz Ayuso es puramente estética: ella cuenta abiertamente lo que hace, ellos lo callan. Pero el resultado es idéntico. Al menos Ayuso tiene la coherencia de vender su ideología sin disfraces. Pradales y Martínez desmantelan lo público mientras ondean su bandera. Y eso es más grave: la hipocresía siempre lo es.
Las personas mayores, muchas de ellas con patologías crónicas que requieren seguimiento continuo, son las primeras víctimas de este desmantelamiento encubierto. Y no solo en cardiología: las listas de espera se alargan en todas las especialidades. Pero en cardiología, donde cada revisión puede ser la diferencia entre prevenir y lamentar, la demora no es solo incompetencia: es negligencia institucional.

La responsabilidad tiene nombre y apellido
Imanol Pradales asumió la Lehendakaritza con el compromiso de fortalecer los servicios públicos. Alberto Martínez, como consejero de Sanidad, tiene la obligación de garantizar una atención sanitaria digna y accesible. Ambos están fallando.
No basta con lamentar la falta de profesionales si no se crean condiciones laborales que los atraigan y retengan. No basta con hablar de reorganización cuando lo que hay es desorganización crónica. Y no basta con enviar cartas de disculpa cuando lo que se necesitan son soluciones urgentes y estructurales.
El derecho a la salud no puede esperar
Esta paciente, como miles más en la CAV, tiene derecho a una atención médica oportuna. No dentro de quince meses, no “en cuanto sea posible”, sino ahora. Su corazón no entiende de presupuestos mal gestionados ni de cartas burocráticas.
Osakidetza está en quiebra técnica. No económica, sino de confianza, de capacidad, de proyecto. Y mientras Pradales y Martínez buscan palabras amables para explicar lo inexplicable, hay personas mayores preguntándose si su próxima revisión llegará antes que su próximo infarto.
La pregunta ya no es si Osakidetza está colapsando. La pregunta es cuándo asumirán sus responsables políticos que estamos ante una emergencia sanitaria que requiere acciones inmediatas, no discursos tranquilizadores.
Porque la salud de nuestra gente no puede seguir siendo la variable de ajuste de una gestión incompetente.

Eso sí, si algún día sientes que tu corazón no puede esperar más y decides acudir a Urgencias, asegúrate primero de que el servicio de tu pueblo esté abierto. Porque esos también los han ido cerrando. Por si acaso.

La desgraciada realidad k PNV y PSOE siguen escondiendo a la ciudadanía vasca.
Nos engañan para intentar conseguir un puñado de votos pero la realidad k vivimos deja claro k les importamos UN PITO.
Como su negativa a complementar las pensiones de miseria hasta el SMI.
Son unos sinvergüenzas pero no nos vamos a rendir.
ASKI DA
¿por que estos políticos, que se supone están para servir al pueblo, y hacer una buena gestión económica con nuestro impuestos, están dando siempre excusas y más excusas por su mala gobernabilidad,?
¿por que no se van a su casa, si no pueden o no saben hacerlo mejor?
¿Por que no hay una forma o comisión gestora, para despedirlos como pasa con todos nosotros, cuando hacemos mal nuestro trabajo?
¿por que se esconden como cobardes tras un aforamirnto?
El pasado 27 de junio, el consejero Martínez consideró aprobado el Pacto Vasco de Salud tras nueve meses de reuniones con la participación de unos 400 “expertos” de “casi” todos los ámbitos: político, sanitario, social…
El sindicato ELA abandonó el foro desde el primer momento por considerarlo “un teatro”. Para el consejero de salud, Alberto Martínez, desde el principio hasta el final, el Pacto ha gozado de un mayoritario consenso. Podría decirse que ha venido falseando la realidad desde su primera declaración a los medios. Al final, ni el principal partido de la oposición, EH Bildu, ni el Satse, sindicato de Enfermería que representa el 94% del sector, ni Sumar, entre otros, han firmado el “trabajado” pacto. Curiosamente, ha contado con la aprobación de la patronal Confebask, por lo que sea…