Davos 2026: la gran cruzada social del Lehendakari

Crónica de un viaje altruista

Puntu eta jarrai

Un foro filantrópico dedicado al pueblo

Qué hermoso es constatar que en este mundo todavía existen lugares donde las élites se reúnen con el único y noble objetivo de mejorar la vida de la gente corriente. Davos 2026 ha sido, sin lugar a dudas, una de esas cumbres filantrópicas en las que los poderosos de la Tierra se dan cita para hablar de pensiones dignas, de listas de espera en Osakidetza y, cómo no, de la promoción del euskera entre la clase trabajadora.

La delegación vasca: dispuesta a defender a quienes menos tienen

El Lehendakari Imanol Pradales, acompañado de una representación tan plural como significativa de nuestra sociedad, viajó a los Alpes suizos con un único objetivo: defender los intereses de quienes menos tienen. Allí, rodeado de grandes fortunas preocupadas por el bienestar de la humanidad, presentó a la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) como un territorio estable y fiable.
Estable, porque las mujeres trabajadoras saben que sus derechos están en las mejores manos. Fiable, porque cuando una mujer mayor espera seis meses para una operación de cadera, puede estar tranquila sabiendo que sus dirigentes están en Davos pensando precisamente en ella.

Josu Jon Imaz y la sensibilidad social de Repsol

Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol y antiguo dirigente del PNV, seguramente aprovechó cada coffee break para debatir estrategias destinadas a mejorar los servicios públicos. Es bien sabido que las grandes petroleras destacan por su especial sensibilidad hacia cuestiones como la sanidad universal o la atención a la dependencia.
Imaz, con su conocida trayectoria de compromiso social, compartió sin duda sus inquietudes sobre cómo reducir las desigualdades y proteger el medio ambiente. Al fin y al cabo, si alguien conoce de primera mano la urgencia climática, esa es la industria del petróleo.

Los empresarios vascos y su profunda preocupación por las personas mayores

José Antonio Jainaga, presidente de Sidenor y protagonista de la operación Talgo, tampoco perdió el tiempo. Mientras el resto de los mortales pensábamos en cómo llegar a fin de mes, él invertía valiosos minutos en reflexionar sobre cómo garantizar que todas las personas mayores de la CAV reciban cuidados adecuados.
Porque eso es lo que hacen los grandes empresarios en Davos: pensar en la gente mayor. Lo llevan en el ADN.
Javier Ormazabal, presidente de Velatia, y Carlos Alzola, director general de ITP Aero, completaban una delegación empresarial cuya principal preocupación, como es lógico, es que ninguna familia vasca tenga que elegir entre pagar la luz o la calefacción. Los sectores energético y aeroespacial, como todo el mundo sabe, se caracterizan por su empatía ilimitada hacia las necesidades cotidianas de la clase trabajadora.

Mercedes-Benz y la incansable lucha contra la precariedad laboral

No podía faltar Bernd Krottmayer, máximo responsable de Mercedes-Benz Vitoria, quien sin duda dedicó sus conversaciones a debatir cómo mejorar los salarios de las limpiadoras y de las auxiliares de enfermería. Al fin y al cabo, cuando uno dirige una planta de automóviles de lujo, lo primero que le quita el sueño es la precariedad laboral en el sector de los cuidados.

Participación sindical y social: ausencias que hablan por sí solas

Resulta especialmente reconfortante comprobar que una delegación tan comprometida con lo social estuvo acompañada por los sindicatos más combativos, representantes del cooperativismo, movimientos sociales, plataformas de pensionistas y activistas ecologistas.
Porque a Davos no se va a hacer networking entre élites. No. Se va a escuchar a la ciudadanía organizada. Por eso, los principales sindicatos, los movimientos ecologistas, las plataformas de pensionistas y los colectivos en defensa de la sanidad pública contaban con sus propias mesas en el congreso.
Ah, espera… que no estaban. Qué extraño. Seguro que fue un olvido involuntario.

Trump, el euskera y la diversidad lingüística

Pero lo mejor llegó entre cumbre y cumbre, cuando el Lehendakari y su séquito empresarial organizaron un taller intensivo sobre la promoción del euskera en el entorno laboral. Invitaron a Donald Trump, que mostró un interés especial por el batua.
Dicen que incluso se plantearon contratar a Kontxesi para impartir clases de conversación en la Trump Tower. Porque si algo une a los grandes millonarios del mundo es su pasión por las lenguas minorizadas y su firme compromiso con la diversidad lingüística.

Mientras tanto, en la CAV: la realidad social

Mientras tanto, en la CAV, las listas de espera siguen alargándose, las pensiones continúan perdiendo poder adquisitivo y las trabajadoras de las residencias están exhaustas. Pero eso no importa, porque ahora sabemos que nuestros representantes estuvieron en Davos defendiendo el modelo social vasco.
Un modelo que, curiosamente, parece contar con más defensores en los salones alpinos que en los pasillos de Osakidetza.
Los pobres, ya se sabe, bastante tienen. No necesitan que sus dirigentes estén aquí, luchando por mejores servicios públicos o por salarios dignos. Lo que necesitan es que alguien vaya a Davos a vender estabilidad institucional y competitividad a los grandes inversores. Porque, al final, eso es lo que más preocupa a las mujeres que limpian escaleras: la seguridad jurídica para la inversión extranjera.

Davos y la tradición social vasca: una contradicción evidente

Desde Euskal Herria, territorio con una larga tradición de lucha sindical, cooperativismo y economía social, solo podemos agradecer que nuestros representantes sigan apostando por espacios tan democráticos, tan transparentes y tan cercanos a la ciudadanía. Porque si algo define a Davos es su vocación de servicio a las mayorías.

Y mientras las trabajadoras y trabajadores de este país seguimos preguntándonos cuándo toda esta “estabilidad” y “competitividad” se traducirá en mejoras reales en nuestras vidas, podemos descansar tranquilos sabiendo que en algún chalet suizo, entre canapés y champán, alguien pronunció la expresión “cohesión social”. Y eso, sin duda, ya es un triunfo.

Porque el futuro se decide en los despachos. El nuestro, en las listas de espera.

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2 Comments

  1. (Seis meses) 6 meses para una operación de cadera? Ya podía ser, yo estuve más de 2 años (+de 24 meses).
    Pido actualizar los meses, 6 meses imposible.
    Y para mi revisión de oftalmología año y medio (18 meses), seguimos …

  2. Es enormemente gratificante,ver a las grandes fortunas y sus fieles políticos reunidos por el bien de l@s trabajador#s y las personas más desfavorecidas , nuestros sufrimientos,nuestras precarias vidas y condiciones laborales,las pensiones devaluadas,las privatizaciones en sanidad, enseñanza,etc,etc.son insignificantes sabiendo que esos santos” señoros”se ocupan de nosotr@s.

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