De presidir el PNV a negociar con invasiones: el caso Imaz

Puntu eta jarrai

Josu Jon Imaz, ex presidente del PNV y actual consejero delegado de Repsol, ha vuelto a demostrar dónde están sus verdaderas lealtades. Mientras Estados Unidos invade Venezuela, él calcula oportunidades de negocio. El gráfico de las puertas giratorias entre el PNV y Repsol/Petronor no es solo un esquema de conexiones: es el mapa de un proyecto político que ha convertido el nacionalismo vasco en plataforma de intereses corporativos.

Venezuela: el momento de la verdad
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela ha servido de test. Un test que Josu Jon Imaz ha suspendido estrepitosamente. Ninguna valoración sobre la legalidad de la invasión. Ninguna palabra sobre la soberanía del pueblo venezolano. Solo una fría evaluación empresarial: Venezuela puede volver a ser “interesante” para Repsol si “se estabiliza el marco legal y comercial”.
Imaz no es un empresario cualquiera. Fue presidente del EBB del PNV entre 2004 y 2007. Durante décadas construyó el discurso del nacionalismo vasco, de la autodeterminación, de los derechos de los pueblos. Y ahora, cuando un imperio invade un país para controlar su petróleo, su única preocupación es cuándo podrá Repsol entrar en el reparto.

Las puertas giratorias: un sistema perfectamente aceitado
El gráfico lo muestra con claridad meridiana. Imaz no está solo. Guillermo Higuera, miembro del equipo del PNV en Muskiz, es jefe de área en Petronor. Gualber Atxurra, exalcalde del PNV en Muskiz, técnico de relaciones institucionales de Petronor. Antón de Madariaga, exalcalde del PNV en Plentzia, fue director general y vicepresidente de Petronor.
Y la lista continúa: Luis Aranberri, exresponsable de comunicación del PNV, responsable de comunicación de Petronor. José Ignacio Arrieta Heras, exconsejero de Industria, fue consejero de Repsol y Petronor. Mario Fernández, exconsejero de Trabajo condenado por el caso Kutxabank, fue vocal del consejo de administración de Repsol.
No son casos aislados. Es un sistema. Un entramado perfectamente diseñado donde el PNV funciona como cantera de directivos para Repsol/Petronor, y donde Repsol/Petronor funciona como lobby permanente dentro del PNV.

El proyecto detrás de las puertas: “yankización” de Euskal Herria
Pero esto va más allá de las puertas giratorias. Es la expresión de un proyecto político concreto que el PNV lleva décadas ejecutando: la yankización de Euskal Herria. Un modelo donde lo público se desmantela, donde las corporaciones dictan las políticas, donde los intereses empresariales están por encima de cualquier principio.
Alguien dirá: ¿y qué? Si ese modelo contribuye a enriquecer el país, bienvenido sea. Pero no. Este método solo enriquece a cuatro empresarias que manejan el petróleo, la fabricación de armas, la privatización de los servicios públicos. Niegan que las gentes de este pueblo tengan unos ingresos mínimos dignos. Penalizan la solidaridad y los derechos de los pueblos. Desvían los recursos públicos, vitales para un reparto equitativo de la riqueza, para preparar escenarios de guerra. Y su egoísmo ciega la vía del diálogo para resolver los conflictos.
Mientras nos hablan de autogobierno, nos llevan hacia un modelo de sumisión absoluta a Estados Unidos. No solo geopolítica, como demuestra la alineación automática del Gobierno Vasco con las posturas tibias de Europa ante Trump, sino social y económica. Recorte tras recorte, privatización tras privatización, el sistema público vasco está siendo descafeinado con la excusa de la “eficiencia” y la “modernización”.
Por eso Imaz puede hablar tranquilamente de oportunidades de negocio mientras EEUU invade Venezuela. Por eso Pradales calla ante sus declaraciones. Porque ese es el mundo que construyen: corporaciones sin ética, negocios por encima de pueblos, beneficio privado sobre bien común.

Trump y el patrón imperial: Venezuela es solo el principio
Y aquí conecta todo. Porque Venezuela no es un episodio aislado en la estrategia de Donald Trump. Es la primera ficha de un dominó: Venezuela y su petróleo. Irán y el Estrecho de Ormuz. Cuba. Colombia y México amenazados. Groenlandia y sus recursos árticos.
Lo que estamos presenciando es el diseño deliberado de una nueva guerra mundial. No necesariamente con tanques en las calles de París, pero sí con amenaza permanente de intervención militar, chantaje económico, desestabilización de gobiernos que no se subordinen.
Y el resto del mundo está sencillamente “acojonado.” Europa calcula. La industria armamentística celebra cada escalada. Las petroleras esperan el reparto. Capitalismo del desastre: generar el caos, facturar la reconstrucción.
Imaz y Repsol están esperando su turno. Esperando a que “se estabilice el marco legal” que los marines estadounidenses están imponiendo sobre el terreno. Como IBM esperó bajo el nazismo. Como Ford esperó. Como tantas corporaciones que supieron separar ética de negocios.

La contradicción insostenible del PNV
El Gobierno Vasco, presidido por Imanol Pradales, reproduce palabra por palabra el discurso europeo. La misma defensa abstracta de la “legalidad internacional”. El mismo silencio sobre la responsabilidad de Estados Unidos.
La paradoja es brutal: un partido que reivindica autodeterminación para el pueblo vasco es incapaz de condenar una intervención que pisotea la autodeterminación del pueblo venezolano. ¿Cómo se defiende la soberanía propia mientras se mira hacia otro lado cuando EEUU invade un país para controlar su petróleo?
Mientras Pradales lee comunicados institucionales, quien fuera presidente de su partido habla de oportunidades de negocio en el territorio invadido. No ha habido distanciamiento. No ha habido ni una palabra de Pradales sobre Imaz. El silencio es ensordecedor.

Hego Euskal Herria: la voz que sí existe
Afortunadamente, existe otra Euskal Herria. La que se ha movilizado en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa denunciando la agresión imperialista.
EH Bildu ha expresado lo que las instituciones no se atreven: que esto es injerencia, imperialismo, vulneración del derecho de autodeterminación. Los movimientos sociales han señalado lo que Imaz ignora: que detrás de cada intervención militar hay intereses económicos.
Esta es la Euskal Herria que mantiene viva la tradición internacionalista. La que entiende que no se puede defender la soberanía vasca mientras se calla ante su vulneración en Venezuela. La que sabe que el derecho de autodeterminación es universal o no es nada.

Quién es quién cuando importa
Josu Jon Imaz ha elegido. Ha elegido Repsol por encima de cualquier principio que alguna vez defendió desde el PNV. Ha elegido el beneficio empresarial por encima de la coherencia política. Ha elegido ser un empresario que prospera en el escenario que otros imponen por la fuerza.
El PNV ha elegido callar. Ha elegido mirar hacia otro lado. Ha elegido no incomodar ni a Bruselas ni a sus propios dirigentes convertidos en lobbistas corporativos.
Las puertas giratorias entre el PNV y Repsol no son un problema de ética individual. Son la expresión de un modelo político donde las corporaciones energéticas dictan las políticas vascas, donde el nacionalismo se ha vaciado de contenido para convertirse en plataforma de intereses empresariales.
Desde una Euskal Herria que aspira a ser sujeto político soberano, que defiende el derecho de los pueblos a decidir su destino, no podemos permitir que esta complicidad se normalice.

No en nuestro nombre.

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