El Síntoma de las Ambulancias: Cuando la “Ideología” Ciega la Razón

Puntu eta jarrai
Nafarroa tenía un problema con el transporte sanitario. Creó Bidean, una empresa pública, y lo solucionó. En mayo de 2025, 61 ambulancias nuevas comenzaron a funcionar sin conflictos, con 431 trabajadoras en plantilla estable y 15 bases operativas. Sin aspavientos, sin proclamas ideológicas. Un problema, una solución pragmática.
En la CAV llevamos años contemplando el espectáculo contrario: 169 ambulancias saboteadas, trabajadoras sin cobrar, 35% de absentismo laboral, 800.000 euros de deuda acumulada por La Pau. Y la respuesta del gobierno es mantener el sistema que genera el caos.
La Religión Privatizadora
La privatización se ha vuelto dogma compartido entre PNV y PSE en la CAV. Da igual que no funcione. Da igual que cueste más dinero. Da igual que genere conflictos permanentes. Se mantiene porque admitir el error significaría reconocer que la ideología neoliberal que profesan ambos partidos puede equivocarse, y eso es inadmisible para quienes han hecho de la subcontratación su seña de identidad política común.
Rectificar se percibe como debilidad. Mantener el desastre se presenta como coherencia. Esta lógica pervierte el sentido del servicio público: ya no se trata de servir al ciudadano sino de preservar la coherencia del modelo, aunque sea disfuncional.

El Precio Humano
Detrás de las cifras hay personas. Trabajadoras explotadas por las empresas de subcontratación que no saben si cobrarán este mes. Pacientes que esperan una ambulancia que puede llegar tarde o no llegar. Personas mayores que dependen del transporte sanitario para sus tratamientos y se encuentran con un servicio impredecible, víctimas de la incompetencia de quienes lo gestionan.
Cuando un anciano necesita llegar a diálisis y la ambulancia no aparece porque está en el taller reparando neumáticos pinchados, no le sirven las explicaciones sobre “eficiencia del mercado”. Cuando una persona mayor tiene que cancelar una cita médica porque el servicio está en huelga otra vez, no le consuelan los discursos sobre la “modernización de los servicios públicos”.
La Arquitectura del Fracaso
Osakidetza ha convertido la subcontratación en sistema: empresas de ambulancias que no ponen medios suficientes, contratas de limpieza que escatiman personal y productos, mantenimientos tercerizados con recursos insuficientes, cocinas hospitalarias que sirven comida industrial. Cada privatización genera nuevos problemas que justifican más privatizaciones. Es la pescadilla que se muerde la cola, pero en versión administrativa.
El caso Beitia ejemplifica este funcionamiento del PNV. Nombrada directora de Emergencias sin experiencia asistencial relevante, cesada cuando el escándalo ya era incontrolable, recolocada después en algún puesto donde no moleste. Las puertas giratorias funcionan: se falla hacia arriba, se acomoda hacia los lados. El sistema se protege a sí mismo.
El Círculo Vicioso del Reciclaje Empresarial
La ironía se vuelve grotesca cuando descubrimos que una de las empresas elegidas para “solucionar” el desastre de Bizkaia es precisamente Ambulancias Baztán Bidasoa, la misma que operaba en Nafarroa antes de la publicitación. Esta empresa acumuló en territorio navarro cuatro meses de huelga, despidos tras firmar convenios y un clima laboral tóxico que contribuyó a la decisión del gobierno foral de crear Bidean.
Cuando Nafarroa publicitó el servicio, subrogó a las 400 trabajadoras de las empresas privadas, incluida Baztán Bidasoa, mejorando sus condiciones laborales. Es decir, el sector público navarro tuvo que rescatar a las trabajadoras de una empresa que generaba conflictos permanentes.
Ahora, esa misma empresa forma parte de la UTE que opera en Bizkaia bajo la marca “Bizkanb”, junto con Sanir (propiedad de Alsa y Transinsa). La CAV ha contratado a una empresa de la que Nafarroa tuvo que liberar a sus trabajadoras. Es el perfecto ejemplo del reciclaje empresarial: lo que falla en un territorio se traslada al siguiente, perpetuando los mismos problemas con diferentes víctimas.

El Miedo a la Evidencia
¿Por qué el gobierno PNV-PSE de la CAV se niega a considerar la gestión pública directa? Porque funcionar bien no genera negocio para terceras. Un servicio público eficiente no necesita consultoras, intermediarias, empresas “especializadas” en resolver los problemas que ellas mismas crean. Elimina toda una cadena de beneficiarias que viven del desorden institucionalizado.
El éxito de Bidean no amenaza solo un modelo de gestión. Amenaza un ecosistema económico que prospera gracias a la ineficiencia del sector público. Por eso se ignora, se minimiza, se oculta.
La Falacia de los Números
“La empresa privada es más eficiente”, repiten. Pero cuando la empresa privada acumula 800.000 euros de deuda, ¿dónde está la eficiencia? Cuando hay que pagar multas por mal uso de ambulancias, ¿dónde está el ahorro? Cuando el 35% de la plantilla no va a trabajar, ¿dónde está la productividad?
Los números desmienten la retórica, pero la retórica se mantiene porque no se basa en hechos sino en fe. Y la fe, por definición, es inmune a las evidencias contrarias.
Una Cuestión Moral
Mantener un sistema que no funciona cuando existe una alternativa que sí funciona no es solo ineficiencia administrativa. Es una cuestión moral. Cada día que pasa sin solucionar el problema de las ambulancias, cada trabajadora explotada por las empresas subcontratadas que no cobra a tiempo, cada paciente que sufre las consecuencias del desorden, representa una decisión consciente de anteponer la ideología al bienestar ciudadano.
Las responsables políticas cobran puntualmente sus nóminas. Las directivas de Osakidetza tienen sus seguros médicos privados. Las consecuencias del sistema las sufren otras: trabajadoras precarizadas por las empresas de subcontratación, personas mayores dependientes del transporte sanitario, familias que no saben si la ambulancia llegará cuando la necesiten.

El Espejo Navarro
Nafarroa no ha inventado la gestión pública ni ha descubierto la fórmula mágica de la eficiencia administrativa. Simplemente, cuando algo no funcionaba, lo cambió. Esta actitud elemental solucionarlo cuando se rompeparece revolucionaria comparada con la obstinación de la CAV de mantener lo que no sirve.
El contraste es demoledor precisamente porque es simple. No requiere grandes teorías ni complejas explicaciones. Un gobierno que soluciona problemas frente a otro que los perpetúa. Un territorio que aprende de los errores frente a otro que los sacraliza.
La Pregunta Final
La ciudadanía de la CAV tiene derecho a una respuesta clara: ¿por qué no se puede hacer aquí lo que funciona allí? ¿Qué impide aplicar una solución probada a un problema evidente? ¿Quiénes se benefician realmente de mantener el actual desorden?
Las respuestas existen, pero incomodan. Revelan un sistema que se ha independizado de sus objetivos oficiales y funciona según lógicas propias. Un gobierno que ha dejado de gobernar para convertirse en administrador de intereses privados disfrazados de políticas públicas.
Mientras tanto, las ambulancias siguen sin llegar a tiempo, las trabajadoras siguen siendo explotadas por las empresas subcontratadas, y las personas mayores siguen sufriendo las consecuencias de una gestión que ha perdido el sentido de para qué sirve gobernar.

Correcta reposición sobre un problema latente.
Alguien se siente aludido?