¿En manos de quién estamos? Tres escándalos, un mismo patrón

Puntu eta jarrai
Las noticias de estos últimos días nos atraviesan con una sensación que va más allá de la indignación. Es algo más profundo, más inquietante: una pregunta que se instala en el estómago y no se marcha. ¿En manos de quién estamos realmente?
Un ertzaina falsifica su titulación académica y ocupa durante años un puesto de alta responsabilidad en la ciberseguridad de Osakidetza. Su superior, Rodrigo Gartzia , director de la Ertzaintza y luego viceconsejero de Seguridad, lo propuso para el cargo. Un técnico municipal del Ayuntamiento de Getxo compulsó el título falso sin verificarlo. La directora de la Academia de la Ertzaintza en Arkaute dimite entre sombras y silencios institucionales. Juan Luis Ibarra, jurista de reconocido prestigio, renuncia a presidir la comisión de control de la Ertzaintza tras denunciar públicamente las trabas que le impiden ejercer una supervisión real, efectiva, democrática.
Tres escándalos. Tres instituciones. Un mismo patrón.
La pregunta que arde
¿Quién vela realmente por nosotras? Y sobre todo: si El Mundo no saca esta información, ¿nos hubiéramos enterado? Porque el caso lo destapa un medio de comunicación, no los controles internos de la Administración. El ertzaina llevaba más de dos años en el cargo. Dos años dirigiendo la seguridad de 45.000 profesionales sanitarios y 753 centros de salud. Dos años sin que nadie verificara su titulación.
La plaza se creó en mayo de 2023, bajo el gobierno de Iñigo Urkullu y con Gotzone Sagardui como consejera de Salud. Se creó, dicen, prácticamente ad hoc. Un ertzaina sin la titulación requerida, avalado por sus contactos, propuesto por quien era su superior jerárquico. Y nadie, en ningún momento, verificó su currículum.
Mientras tanto, Juan Luis Ibarra, nombrado para ejercer el control democrático sobre la Ertzaintza, se encuentra con muros, con trabas, con opacidad. Y dimite. Cuando quien debe controlar tiene que renunciar porque no le dejan hacer su trabajo, ¿qué filtros quedan contra la corrupción? ¿Qué mecanismos de supervisión funcionan realmente?

El debate que no podemos ignorar
Todo esto explota justo ahora, cuando el debate sobre el modelo policial vasco está al rojo vivo. Precisamente cuando la sociedad se pregunta qué policía necesitamos, qué Ertzaintza queremos, estalla esta cadena de escándalos que nos obliga a mirar más allá de los discursos.
Desde su creación, la Ertzaintza incorporó mandos procedentes del Ejército español y de la Guardia Civil. Se construyó un cuerpo que replica estructuras y mentalidades de los cuerpos estatales. ¿Era esa la policía que necesitábamos? ¿Una policía pensada para la ciudadanía o para el control?
Porque cuando vemos que actúa con más contundencia contra quien protesta por sus necesidades que contra quienes falsifican títulos en puestos de poder, la pregunta se vuelve inevitable: ¿a quién sirve realmente?
Los responsables tienen nombre
PNV, PSE-PSOE, PP. Los partidos que han gobernado la CAV durante décadas han construido este entramado. Iñigo Urkullu era lehendakari cuando se creó la plaza. Gotzone Sagardui era consejera de Salud. Josu Erkoreka, consejero de Seguridad. Rodrigo Gartzia, viceconsejero, había sido antes director de la Ertzaintza y propuso al ertzaina para el puesto.
¿Quién validó el currículum? ¿Por qué el técnico municipal de Getxo compulsó un título sin verificarlo en la universidad? ¿Por qué dimite realmente Miren Dobaran de la Academia de Arkaute? ¿Qué conflictos permanecen ocultos? ¿Por qué se ponen trabas a quien debe ejercer el control democrático?
Y ahora, ¿qué medidas toma Imanol Pradales? Osakidetza cesó al ertzaina y presentó denuncia. Pero ¿y el sistema que permitió esto? ¿Y quienes lo avalaron? ¿Y la opacidad estructural? ¿Qué cambios reales se están implementando para que no vuelva a ocurrir? Porque si los únicos controles que funcionan son los medios de comunicación y quien debe supervisar tiene que dimitir, algo falla profundamente en el sistema.

¿Y nosotras qué?
Estas preguntas merecen respuestas. Respuestas públicas, transparentes, sin medias tintas. Porque lo que está en juego es la confianza de la ciudadanía. Es nuestra seguridad. Es saber que, cuando necesitamos protección, cuando acudimos a Osakidetza, cuando vemos un coche patrulla, estamos en manos de profesionales competentes, honestas, supervisadas.
No podemos resignarnos a que “así son las cosas”. Las puertas giratorias, la falsificación de títulos, la opacidad institucional… todo esto tiene un coste. Y ese coste lo pagamos nosotras. Las ciudadanas de a pie. Las que trabajamos, las que cotizamos, las que confiamos en que habrá alguien velando por el bien común.
Nos merecemos instituciones limpias, transparentes, controladas democráticamente. Nos merecemos saber en manos de quién estamos. Y nos merecemos que esas manos sean competentes, honestas y estén al servicio de la gente.
No de los partidos. No de las redes clientelares. No de los contactos personales.
De la gente.
Porque al final, cuando la confianza se quiebra, cuando los escándalos se acumulan, la pregunta sigue ahí, insistente, necesaria:
¿En manos de quién estamos?

¿En manos de quien estamos? Cada vez parece más evidente que el gobierno del PNV-PSE se va asemejando progresivamente a los gobiernos del PP: mandos y altos responsables de instituciones que resultan incompetentes, corruptos y por encima de todo, sobrevuelan las puertas giratorias…