¿ES POSIBLE FORTALECER LOS SERVICIOS PÚBLICOS SIN SUBIR IMPUESTOS? (III)

Arantza Urkaregi Etxepare
En los artículos anteriores he explicado que, para poder hacer frente a las graves consecuencias sociales producidas por la pandemia Covid-19, será imprescindible, además del endeudamiento y los fondos europeos, aumentar los ingresos por impuestos. A corto plazo podemos aumentar los ingresos a través de la tasa Covid, pero debemos impulsar también cambios estructurales en el sistema fiscal para avanzar hacia un sistema fiscal más justo, equitativo y progresivo que el actual.
En más de una ocasión hemos argumentado que en nuestra sociedad hay riqueza, pero que está mal repartida. A modo de ejemplo, si analizamos los datos del Impuesto de Patrimonio, (IP) en Bizkaia, las personas con un patrimonio superior a 12,8 millones son 147 (un 2% de quienes declaran el IP) y acumulan un patrimonio bruto de 4.204,5 millones de €, es decir, casi un 20% del total del patrimonio neto de Bizkaia. Está claro que hay personas muy ricas en Bizkaia. Es más, en el año 2011, esas personas muy ricas eran 101 y acumulaban 2.414 millones de €. Por lo tanto, desde la crisis anterior, las personas más ricas de Bizkaia son más y más ricas. Es decir, el sistema fiscal que tenemos no sirve para que la riqueza se reparta mejor, sino que la riqueza se acumula en unas pocas personas.
Quienes defienden el sistema fiscal actual dicen que quien más tiene paga más, y en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) es verdad que pagan más, pero no tanto como deberían pagar. Hay progresividad en las rentas del trabajo, pero no en las rentas del capital. Los tipos de las rentas del trabajo van del 23% al 49%, pero en el caso de las rentas del capital, los tipos van del 20% al 25%. Es decir, el tipo aplicado a 20.000 € obtenidos mediante rentas de capital es el 23%; en cambio, si esa cantidad de dinero es nuestro salario, se le aplicará el 28%, y a medida que la cantidad de dinero va en aumento, la diferencia se incrementa. Es decir, las diferentes fuentes de renta no están gravadas por igual.
Por eso, la primera propuesta de mejora del sistema fiscal debe ser, en el IRPF, agrupar las rentas de trabajo y de capital, definiendo una base única, hacer tramos y establecer tipos impositivos progresivos. De esta forma, las rentas obtenidas de una u otra fuente estarán igualmente gravadas. Con esta medida, en Bizkaia, obtendríamos al menos 215 millones de €.
La segunda propuesta sería sustituir el Impuesto de Patrimonio por el Impuesto de la Riqueza y Grandes Fortunas. Por un lado, se eliminaría el escudo fiscal, y por otro, además del patrimonio, se gravará toda la riqueza que tiene una persona. Se establece un mínimo exento, ya que se trata de un impuesto dirigido a quienes tienen una gran riqueza, pero la ventaja que tiene este impuesto es que una persona tendrá que declarar toda su riqueza y, por tanto, es también un instrumento contra el fraude fiscal. No podemos calcular cuánto dinero podemos conseguir con esta medida, lo que sabemos es que solo quitando el escudo fiscal obtendríamos 50 millones en Bizkaia, pero serían más.

La tercera propuesta corresponde al Impuesto de Sociedades (IS). La recaudación por este impuesto es cada vez menor y su peso, en términos de recaudación general, va disminuyendo. En 2007, antes de la crisis, a través del IS se recaudaba el 14,77% de la recaudación total de la CAV; tras superar la crisis de 2008 (al menos según indicadores macroeconómicos), el peso de este impuesto se ha reducido al 8,43% en 2019. En total, en 2019, por los beneficios de las empresas, se han recaudado 730,4 millones de euros menos que en 2007. Mientras, los ingresos por otros impuestos han aumentado.
En lugar de adoptar medidas para incrementar la recaudación en el IS, hace dos años, PNV, PSE y PP aprobaron reducir el tipo general del 28% al 26% en 2018 y del 26% al 24% en 2019. Muchas veces, el debate se sitúa en subir los tipos teóricos o no. Pero la reforma a plantear en el IS debería ir más allá. De hecho, los tipos reales que pagan las empresas son mucho más pequeños.
Por un lado, en lugar de establecer los tipos en función del tamaño de las empresas, habría que establecer tipos progresivos en función de los beneficios obtenidos por las empresas. Debe quedar claro que se trata de un impuesto que grava precisamente los beneficios obtenidos por las empresas, es decir, un Impuesto sobre Beneficios de las Sociedades,.
Por otro lado, hay que suprimir los resquicios de las deducciones en este impuesto que, al fin y al cabo, dejan abierta la vía a la elusión fiscal, ya que algunas deducciones son ilimitadas. Debería haber una única deducción, vinculada a la investigación, desarrollo e innovación, y con un límite del 25% de la cuota.
Cuarta propuesta: en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, debe limitarse la exención al parentesco de primer grado y establecer el principio de progresividad. De vez en cuando escuchamos que hay que suprimir este impuesto (como el Impuesto de Patrimonio), pero es lo contrario, hay que mantenerlo e incrementar su efecto, precisamente porque la riqueza se hereda. Y si queremos impulsar el carácter redistributivo del sistema fiscal, habrá que gravar bien la riqueza recibida por herencia.
La quinta propuesta es revisar los gastos fiscales. En Bizkaia, los presupuestos de 2020 prevén unos gastos fiscales de unos 3.200 millones de € (28,79%). Es decir, por cada 10 € que tendríamos que recaudar vía impuestos, quedan casi 3 € sin recaudar. En el IS, los gastos fiscales suponen el 23,11%. Como hemos mencionado anteriormente, habría que establecer una deducción única y limitada. En cuanto al IRPF, se prevé recaudar 3.000 millones de €, quedando sin recaudar unos 1.000 millones de €. Y las deducciones planteadas no afectan por igual a quienes tienen una base liquidable baja, o a quienes están en los tramos superiores. Cuanto más rica sea una persona, más deducciones y bonificaciones tendrá. De esta manera se rompe la progresividad. Por ejemplo, por aportaciones a Entidades de Previsión Social Voluntaria (EPSV) y Planes de Pensiones, se condonarán 109 millones de €, pero ¿a quiénes se les perdonará ese dinero? No a todas las personas, sino, especialmente, a quienes tienen una mayor capacidad económica.

Otro ejemplo es la deducción por vivienda. Por la compra de vivienda habitual se perdonarán 169,7 millones de €, mientras que por el alquiler sólo 45,6 millones de €. De nuevo, ¿quiénes tienen opción de compra de vivienda? ¿Quiénes pueden acceder sólo a una vivienda de alquiler? Otra vez, depende de la capacidad económica. Además, mediante deducciones se impulsan políticas concretas y, en este caso, se impulsa más la compra que el alquiler, cuando debería ser al contrario, deberíamos impulsar el alquiler más que la compra de vivienda.
Es necesario abrir un debate sobre estas y otras propuestas. Sabemos que a corto plazo no va a tener efecto en la recaudación, pero sí de aquí a dos años, pero, sobre todo, recaudaremos impuestos de forma más justa y progresiva.
Arantza Urkaregi Etxepare
