Euskal Herria ante la gran claudicación europea

Puntu eta jarrai

Cuando Bruselas se arrodilla, Pradales y Chivite miran hacia otro lado

Europa acaba de rubricar, con el aplauso de Madrid y el silencio cómplice de Vitoria-Gasteiz e Iruña, un acuerdo que pasará a la historia como una de las mayores renuncias económicas y políticas del continente. Un pacto con Donald Trump que, lejos de ser un simple ajuste comercial, representa una transferencia masiva de riqueza hacia Estados Unidos: 1,35 billones de dólares.

Esa cifra, que para algunos será una abstracción, equivale a ocho años completos de todas las pensiones del Estado español. O, expresado con mayor claridad: ocho años en los que podríamos haber blindado el sistema público de pensiones, modernizado nuestros hospitales, mejorado la atención a las personas mayores y garantizado una educación pública de excelencia. Pero Bruselas ha decidido que ese dinero debe cruzar el Atlántico para alimentar la economía norteamericana.

Un acuerdo que se vende como “paz comercial” pero huele a genuflexión

El relato oficial habla de “poner fin a la guerra arancelaria” mediante un acuerdo del 15% de aranceles para la mayoría de bienes europeos. Lo que no se menciona con igual entusiasmo es que Trump partía de amenazas del 35% y que, para obtener ese supuesto “alivio”, la Unión Europea ha firmado compromisos que hipotecan su autonomía económica durante décadas:

  • 750.000 millones en compras de energía estadounidense, renunciando a apostar por nuestras renovables.
  • 600.000 millones en inversiones en territorio norteamericano, en lugar de impulsar industria y empleo en casa.

Y lo más grave: esta claudicación se ha consumado sin debate público real, sin transparencia, y con el beneplácito de gobiernos que deberían defender a su gente.

Madrid aplaude, Pradales concede, Chivite calla

El Gobierno español ha respaldado sin fisuras a Ursula von der Leyen. No sorprende: lo que se pacta en Bruselas encaja perfectamente con la vieja receta neoliberal de “abrir mercados” mientras se cierran hospitales y se recortan pensiones.

En Hego Euskal Herria, el lehendakari Pradales ha elegido la ruta de menor resistencia: destinar millones en avales y ayudas a empresas afectadas por los aranceles —más de 2.000 millones en total— mientras no existe ni un solo compromiso específico para reforzar la sanidad pública, mejorar la atención a personas mayores o blindar las pensiones frente al impacto de esta crisis. Es el viejo axioma: cuando llegan las turbulencias, se rescata al capital, jamás a la ciudadanía.

También en Hego Euskal Herria, Maria Chivite ha optado por una estrategia aún más refinada en su mediocridad: el silencio absoluto. Ni una declaración crítica sobre el acuerdo, ni un plan específico para proteger los servicios públicos navarros. La presidenta foral parece encontrar mayor comodidad siguiendo la línea dictada desde Madrid que defendiendo los intereses de su territorio. Es el eterno patrón de subordinación que desde Iruña se practica hacia las decisiones de Pedro Sánchez: una elegante forma de abdicar sin hacer ruido.

El coste para Euskal Herria: mucho más que cifras

En números inmediatos, el golpe ya está cuantificado:

  • 400 millones de euros en la CAV.
  • 73 millones en Nafarroa.

Pero la verdadera factura no se verá mañana, sino en los próximos años, cuando el drenaje de recursos hacia Estados Unidos se combine con la excusa perfecta para justificar recortes: “no hay dinero”.

Lo hemos presenciado antes: en Osakidetza, con listas de espera interminables y servicios clausurados; en educación, con aulas masificadas y becas mutiladas; en pensiones, con el fantasma constante de la privatización. Ahora, incluso propuestas justas y sensatas como la Iniciativa Legislativa Popular que reclama igualar la pensión mínima al salario mínimo corren el riesgo de ser sepultadas antes de llegar al debate parlamentario con la misma excusa de siempre: “no hay dinero”.

En Nafarroa, la pregunta es idéntica: ¿de dónde saldrá el dinero? La respuesta es cristalina si perseveramos en este sendero: saldrá de recortar derechos y servicios públicos, mientras las transferencias millonarias a Estados Unidos prosiguen su curso inexorable.

En Ipar Euskal Herria, aunque no existen datos oficiales desagregados, podemos inferir el impacto observando el pasado: sectores exportadores clave como el vino, las conservas de pescado, los quesos o los productos agroalimentarios ya fueron golpeados por aranceles estadounidenses durante la disputa Airbus-Boeing de 2019. Ahora, con Francia comprometida como parte de la UE a estas compras e inversiones masivas en Estados Unidos, el efecto será indirecto pero inexorable, reduciendo la capacidad presupuestaria y afectando a servicios públicos locales. El gobierno francés no ha anunciado plan alguno para compensar a territorios específicos como Ipar Euskal Herria, y mucho menos para blindar su sanidad, educación o cuidados.

Europa en genuflexión

La reacción del resto de Europa ha sido la de una genuflexión en toda regla. La UE se ha alineado con un presidente que no oculta su visión de un mundo jerarquizado bajo la batuta de Washington.

No es solo una cuestión económica, sino de modelo social. El “estilo americano” ya lo conocemos: sanidad para quien pueda sufragarla, pensiones privadas sujetas a la especulación, cuidados convertidos en negocio. Lo que se pierde no es únicamente soberanía económica, sino dignidad política.

La elegancia de decir NO

Decir no a este modelo no es antiamericano ni un gesto romántico. Es un acto de legítima defensa. Desde Euskal Herria, con nuestra experiencia de lucha social y defensa de lo público, debemos exigir:

  1. Un plan vasco de blindaje social que destine recursos específicos a sanidad, educación, cuidados y pensiones.
  2. Transparencia total sobre el impacto real de este acuerdo en los presupuestos de Hego Euskal Herria y, en la medida posible, en Ipar Euskal Herria.
  3. Un compromiso político inequívoco de no utilizar esta crisis como pretexto para privatizar.

Como escribió Jon Fano: “cuando aceptamos que nos arrebaten lo que es de todos, no solo perdemos derechos, perdemos el sentido de comunidad”. Y esa pérdida es infinitamente más difícil de recuperar que cualquier cifra en un presupuesto.

Un futuro que se decide hoy

Lo que está en juego no es un capítulo más en la crónica de los aranceles. Es si queremos vivir en una sociedad donde lo público sea un derecho o un lujo. Donde la solidaridad intergeneracional siga siendo la columna vertebral de las pensiones, y no un recuerdo en los libros de historia.

Pradales, Chivite, Sánchez y Ursula han elegido el camino de la cesión. A nosotros nos corresponde decidir si aceptamos en silencio o si, como tantas veces en nuestra historia, decimos alto y claro: Euskal Herria no se vende.

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3 Comments

  1. lo hay que hacer es votar al que no le hacen el caldo gordo a los implerialistas

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