Fortalecimiento de Servicios y Prestaciones para una Atención de Calidad ( Nº 3 )

Conclusiones y sugerencias

La feminización de las tareas del cuidado, derivadas de la falta de corresponsabilidad de hombres y mujeres en el ámbito de los cuidados, es una de las causas principales de la desigualdad estructural por razón de género que sigue existiendo en las sociedades contemporáneas.

Los cuidados son esenciales para construir territorios y sociedades que resistan a los cambios y transformaciones. Por ello, los cuidados son objeto de las políticas públicas, pero también de otros suministradores como la familia, la comunidad e incluso el mercado. Cuidar en la comunidad es un encargo que reciben los servicios sociales de atención primaria. De hecho, la capacidad de inclusión de la comunidad en la provisión de los cuidados supera la acción del sistema público (Bassetti, 2018).

Por ello, los sistemas públicos de salud y las pensiones han contribuido y contribuyen al aumento de la esperanza de vida. Vivimos más y con mayor calidad de vida. Ello ha implicado un cambio también en las necesidades y deseos de cuidados, que a su vez demanda avanzar hacia un enfoque más innovador en la atención a las personas mayores. Las nuevas inclinaciones hablan de un descenso de las atenciones hospitalarias de larga estancia, de un incremento de formas de cuidado colaborativas, de vías de envejecimiento activo o de alternativas al sistema residencial tradicional. Por tanto, las nuevas orientaciones acercan los cuidados cada vez más al espacio social, y no solo al sanitario.

Por ello, la comunidad y lo colectivo entran con fuerza en la gestión de los cuidados, pero ello no implica un repliegue de las fórmulas públicas de cuidado en la comunidad; más bien al contrario. Los servicios sociales cuentan con experiencia técnica para promover, apoyar y acompañar a las redes comunitarias para su sostenimiento económico, técnico y metodológico. Por tanto, las estrategias colaborativas entre distintos actores de previsión se perfilan como la clave para la gestión de los cuidados en la comunidad.

Las alianzas entre los servicios sociales públicos, entidades sociales y las redes comunitarias ya cuentan con resultados de interés en ciudades y zonas rurales, evidenciando que las necesidades actuales de cuidados requieren fórmulas de gestión y provisión colaborativas y participativas entre los distintos actores implicados, y con ello construir un modelo de cuidados con más ciudadanía.

Por tanto, la única fórmula para solucionar los problemas anteriormente descritos en estas páginas se basa en lo siguiente:

A) Universalizar el derecho de las personas a que los servicios públicos de atención a la dependencia les proporcionen la autonomía funcional plena, y establecer un plan de reimplantación progresiva.

B) Eliminar el artículo 18 de la Ley de Dependencia que prevé la prestación por cuidados en el entorno familiar, acabando con la injusticia que supone el sacrificio de las mujeres de la familia.

C) Equiparación de las empleadas del hogar al resto de personas trabajadoras. Un sistema que asegure los servicios públicos podrá ofrecer empleos dignos a estas personas.

Políticas de cuidados en el ámbito local y comunitario.

Son prácticas que ponen de manifiesto el valor de la dimensión local para implantar experiencias viables que ayudan a hacer efectivo el compromiso público con los enfoques de democratización y la institucionalización.

Se trata de proyectos desarrollados desde la lógica de la innovación social y la acción comunitaria para dar respuesta a la creciente demanda de cuidados ante los retos de la transición demográfica, activando lo común desde lo público. La atención conjunta de todas estas propuestas parte de la perspectiva centrada en la persona, tanto en centros asistenciales como en el hogar, considerando el potencial de la dimensión territorial en clave de proximidad a la ciudadanía (Sancho y Martínez, 2021).

Ello implica, como escenario de actuación, el ámbito local, impulsar un cambio de modelo en la prestación de los servicios y fortalecer las acciones de prevención.

A continuación, se presentan cinco buenas prácticas que responden a distintas líneas de actuación actualmente vigentes: integración socio-sanitaria con los ecosistemas de cuidados; nuevo modelo de gestión del servicio de atención domiciliaria; transformación de los centros residenciales hacia una atención centrada en la persona; prevención y acción ante la soledad no deseada; y servicios de atención integral y transversal para atender las necesidades de cuidados a lo largo del ciclo vital.

Los ecosistemas de cuidados.

Se trata de una iniciativa impulsada por el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa con el nombre de Zaintza HerriLab, que actualmente cuenta con 14 municipios implicados.

Los ecosistemas de cuidados son experiencias locales orientadas a impulsar modelos de atención personalizados, integrales, flexibles y comunitarios. Las actuaciones parten de la coordinación sociosanitaria, facilitando la cooperación profesional y administrativa, así como la participación de la comunidad y de las propias familias.

La principal innovación institucional se basa en conectar diferentes tipos de servicios (salud, servicios sociales y sociosanitarios) y de actuaciones de distintos agentes (administración pública, organizaciones del tercer sector, empresas, familias, centros tecnológicos o universidades) para responder a la provisión de cuidados desde la doble perspectiva de la atención y la prevención (Legarreta y Martínez, 2023).

A pesar del corto recorrido de la experiencia, presenta potencial para responder al objetivo de desarrollar una atención integral y estructurar un continuo de los cuidados tanto en el domicilio como en los centros residenciales, partiendo de las necesidades y preferencias de cada persona.

Proyecto “COMO EN CASA”

Este proyecto forma parte de la Plataforma de Innovación Social VIDAS, recientemente impulsada en el marco de la Estrategia Estatal de Desinstitucionalización, y se implementa en distintos centros residenciales de Asturias y Euskadi, bajo la orientación de la Fundación Matia.

El objetivo principal es fomentar una metodología de trabajo basada en la investigación, acción y participación para generar un itinerario de transformación de los centros residenciales hacia una atención centrada en la persona. Se busca diseñar y crear alojamientos que garanticen la continuidad con el proyecto de vida de las personas, así como sus derechos. Igualmente, se trabaja en la interrelación entre los centros y la comunidad, entendiendo que dichas instituciones forman parte de la dimensión comunitaria, más allá de los límites físicos de las residencias. Asimismo, esta perspectiva facilita el trabajo, ya que evita procesos de institucionalización no deseada.

Nota: En el siguiente capítulo hablaremos de los Radars (aquí Lagunkoia), Vila Vaina (experiencia impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona) y el modelo holandés Buurtzorg de servicios sanitarios domiciliarios.

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