Gaza y la Crisis Moral de Nuestro Tiempo

Por Puntu eta Jarrai
Una tragedia que interpela nuestra conciencia
Durante 19 meses hemos sido testigos de imágenes que desafían nuestra comprensión del mundo civilizado. La cifra es demoledora: 52.908 palestinas han perdido la vida, 16.278 de ellas menores. Más de 119.000 personas heridas. Dos millones de seres humanos desplazadas. El 90% de la infraestructura civil destruida.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha definido Gaza como “un campo de exterminio”. Organismos internacionales, expertos de Naciones Unidas, Amnistía Internacional y destacados historiadores judíos como Ilan Pappe han calificado lo que ocurre como genocidio.
Pero existe una dimensión especialmente desgarradora: la perversión de la memoria del Holocausto para justificar un nuevo exterminio.
La traición a la memoria histórica
Cuando Netanyahu habla de “solución final” en el Parlamento israelí, no utiliza esa expresión por casualidad. La instrumentalización del sufrimiento judío para justificar el exterminio palestino representa una de las perversiones morales más profundas de nuestro tiempo.
La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que las lecciones del Holocausto no hayan servido para prevenir este genocidio, sino que parezcan haberse convertido en un manual de operaciones?
El doble rasero que nos desnuda
Europa ha demostrado una hipocresía que desnuda por completo sus proclamados valores. Ante Ucrania se impusieron inmediatamente sanciones totales a Rusia. Mientras Israel comete crímenes de guerra documentados, continúa participando en Eurovisión, UEFA, Juegos Olímpicos.
El caso alemán resulta paradigmático: el país que perpetró el Holocausto se ha convertido en uno de los principales suministradores de armas a Israel, justificando su apoyo en una supuesta “responsabilidad histórica” que pervierte completamente las lecciones del pasado.
La complicidad desde casa
Pero la tragedia adquiere una dimensión más dolorosa cuando descubrimos que empresas de nuestro territorio participan activamente en esta injusticia.
CAF de Beasain construye las líneas de tren que conectan los asentamientos ilegales israelíes con Jerusalén ocupada. Amnistía Internacional ha denunciado a la empresa guipuzcoana como facilitadora de la ocupación ilegal israelí.
Las instituciones vascas han gastado más de 1,66 millones de euros en Guardian Defense & Homeland Security S.A., empresa que representa a fabricantes israelíes de material policial y militar. El Departamento de Salud vasco ocultó al Parlamento contratos con la empresa israelí I-Sec.
Estado Español, mientras Pedro Sánchez declara que “no comercia con un estado genocida”, mantiene más de 1.000 millones de euros en contratos con la industria militar israelí desde el 7 de octubre de 2023. Las compras israelíes a empresas vascas alcanzaron casi 200 millones de euros en 2023.

La industria de la muerte
Mientras se recortan pensiones, sanidad y educación con el pretexto de que “no hay dinero”, hay miles de millones para financiar la industria armamentística. Gaza sirve como laboratorio de pruebas para nuevas tecnologías militares que empresas como ELBIT Systems promocionan como “probadas en combate” – probadas matando palestinos.
Es la mercantilización más obscena del sufrimiento humano: consejos de administración celebrando beneficios mientras niñas palestinas mueren bajo las bombas.
El despertar de la conciencia
A pesar de la complicidad institucional, algo fundamental está cambiando. Por primera vez, el 53% de la población estadounidense tiene una valoración negativa de Israel. Las movilizaciones estudiantiles, las manifestaciones multitudinarias y el crecimiento del movimiento BDS demuestran que la sociedad civil mundial rechaza mayoritariamente el genocidio, aunque sus gobiernos lo apoyen.
La imagen de “víctima” que Israel había cultivado durante décadas se ha desmoronado. El mundo ve ahora lo que realmente representa: un régimen que comete crímenes contra la humanidad con total impunidad.
Un momento definitivo para la humanidad
Estamos viviendo un momento definitivo en la historia contemporánea. El genocidio en Gaza no es solo una tragedia para el pueblo palestino: es una prueba de fuego para toda la humanidad.
La respuesta que demos definirá qué tipo de civilización somos. La pregunta ya no es si Israel está cometiendo un genocidio – eso está documentado. La pregunta es si tendremos el valor moral de detenerlo.
La resistencia palestina, tras 90 años de opresión, constituye un testimonio extraordinario de dignidad humana. Pero ante la desproporción de fuerzas y el apoyo occidental a Israel, solo la presión internacional y las sanciones económicas pueden detener este genocidio. Sin un cambio radical en las políticas occidentales, Gaza seguirá siendo arrasada con total impunidad.

Tres acciones concretas: todas a una
1. Exigir transparencia total en nuestras instituciones Presionar al Gobierno Vasco para que publique todos los contratos con empresas israelíes y que cancele inmediatamente los acuerdos con Guardian Defense, I-Sec y similares. Nuestros impuestos no pueden financiar el genocidio.
2. Boicot económico coordinado El movimiento BDS internacional ha elegido estratégicamente tres empresas para maximizar el impacto: PUMA (único patrocinador internacional de la Federación Israelí de Fútbol), HP (proporciona tecnología al ejército israelí) y CARREFOUR (mantiene acuerdos comerciales con empresas que vulneran las resoluciones de la ONU). Son empresas grandes, visibles y vulnerables a la presión del consumo. Cada compra es un voto: hagamos que cuente.
3. Presión política sostenida Exigir a nuestros representantes que voten a favor de sanciones a Israel como las aplicadas a Rusia. Llamadas, cartas, manifestaciones: hacer que sientan la presión ciudadana cada día hasta que actúen.
Gaza nos interpela
El silencio y la complicidad institucional han quedado al descubierto, pero la conciencia de los pueblos se está despertando. Gaza nos está interpelando a todas las personas que creemos en la dignidad humana.
No hay neutralidad posible ante el exterminio. La historia nos juzgará no solo por lo que hicimos, sino especialmente por lo que no hicimos cuando aún estábamos a tiempo de parar la barbarie.
Gaza está en nuestros corazones. Y desde nuestros corazones debemos actuar.
¿Qué es BDS?
El movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones) fue lanzado en 2005 por más de 170 organizaciones palestinas inspirándose en la campaña que derrocó al apartheid sudafricano. Es una estrategia no violenta de presión económica y política que ya ha logrado resultados concretos: empresas han roto contratos, inversores se han retirado, eventos se han cancelado. Cuando los gobiernos no actúan, la ciudadanía organizada puede forzar cambios políticos a través de la presión económica.

La parte más vergonzosa de este genocidio, imposible de negar, es la hipocresía, el cinismo de los gobiernos de los países más ricos, que se auto califican de “democráticos”. Silencian o tergiversan la realidad y utilizan las normas internacionales según sus conveniencias.
¡Tenemos que liberarnos de la influencia de esas aves de rapiña!
Me siento avergonzada de pertenecer a una sociedad que por la pasividad nos hacemos cómplices, del genocidio,si no peor, como mínimo igual al genocidio nazi. Pero con un matiz que los asesinos son los que fueron víctimas entonces y se han perfeccionado y vuelto muchísimo más crueles y cínicos.Si les preocupa el aspecto de los rehenes”muy desmejorados”es porque no han visto a los pocos que sobreviven,de momento,niños mujeres embarazadas, ancianos, jóvenes,es decir TODO EL PUEBLO PALESTINO.Que para más inri los matan cuando se acercan a buscar algo para comer y encima les roban lo que otros países envían y hacen negocio con esos alimentos.Repugnante.
Neurri batean, gustatu ala ez, Gazako genozidioa hemen ere hasten da. Enpresak, banketxeak, erakundeak, ekoizpen militarreko enpresak , gure pribilegioak eta abar…tragedia honen parte dira.
Adibidez, Beasaingo CAF enpresak Jerusalemgo Tren Arinean laguntzen du, hiria legez kanpoko kokalekuekin lotuz eta Eusko Jaurlaritzaren partaidetza ekonomikoarekin.