“‘Hau mundu petrala gurea!’: Bikila desgrana en su nuevo libro las claves de la emancipación en tiempos de crisis”

Redacción gaurgeroa.eus

Llevábamos tiempo queriendo conversar con Joxe Iriarte “Bikila”, y dado que acaba de publicar su nuevo libro Hau mundu petrala gurea! (hankaz gora jartzeko ahaleginetan), aprovechamos por fin para charlar con él. Militante, escritor y pensador comprometido con Euskal Herria, Bikila nos invita en esta obra a conocer los pilares de su trayectoria ideológica: temas como la liberación nacional y su engarce con la lucha de clases, pasando por los debates sobre estrategia socialista, los aportes del feminismo y el ecologismo, o los desafíos de la izquierda en un mundo en crisis.

Colaborador de gaurreroa.eus, su artículo “Al movimiento de pensionistas: las y los últimos mohicanos” tuvo una gran acogida (1.400 visitas en castellano y 300 en euskera), demostrando su capacidad para conectar con las realidades sociales. Editado por la editorial DAKIT de Zarauz, este libro no solo reflexiona sobre Euskal Herria, sino que también mira a Europa, Cataluña, Ucrania y lo que supuso la “Naziotroika”, o la explosión de la cuestión nacional tras la disolución de la URSS, sin olvidar el análisis literario postpandemia.

Entrevista:

1. “Hau mundu petrala gurea!” aborda temas como la liberación nacional, el socialismo y la lucha de clases. ¿Qué hilo conductor une estas reflexiones en tu libro? ¿Qué mensaje clave quieres que llegue a tus lectores?

  • Parto de viejas controversias sobre cómo articular el problema nacional y el problema social, que vuelven a renacer con nuevos formatos. Hace ya tiempo que decidimos que no cabían prioridades artificiales, ya que ambos temas eran y son “las dos caras de la misma moneda”. Creíamos que el tema estaba zanjado o superado. Desgraciadamente, no es así. En la nueva generación, sobre todo juvenil, ha vuelto ese debate, siendo un elemento clave de división y enfrentamiento. En ciertas manifestaciones juveniles apenas se ven ondear banderas rojas e ikurriñas al unísono, y en otras, al revés. Van cada una por su lado, cuando no se dan la espalda. Lamentable, sobre todo, cuando la propia metáfora de las dos caras de la misma moneda ha quedado obsoleta en mi opinión, porque el proceso de emancipación ya es poliédrico: va más allá de los dos lados, ya que necesitamos un proyecto emancipatorio global que aglutine e interrelacione la clase obrera y la construcción nacional, engarzando con el feminismo ya que sin la liberación de la mujer no cabe hablar de liberación alguna y con el ecologismo, en tiempos de crisis climática que lo condiciona todo. Esto es, hay que enfrentarse a una crisis sistémica multipolar en un mundo desbocado que va hacia el abismo si no cambiamos de dirección.

2. Tu apodo, “Bikila”, evoca al corredor etíope Abebe Bikila, símbolo de resistencia y dignidad. ¿Cómo surgió este seudónimo y en qué medida refleja tu compromiso político y personal?

  • En mis tiempos juveniles, cuando muy pocos practicaban deporte (salvo el fútbol, ya que la pelota a mano estaba en declive), era costumbre que si un joven practicaba ciclismo le llamaran Anquetil, o si era corredor, Zátopek. Cuando yo empecé a practicar las carreras pedestres (así las llamábamos), muchas veces lo hacía descalzo, y por eso me pusieron el sobrenombre o mote de Bikila, por Abebe Bikila, vencedor del maratón de Roma descalzo. Ciertamente, no porque me pareciera a él yo era corredor del montón, del pelotón, sino porque formaba parte de cierta broma paternalista con aquel joven esforzado al que veían correr todo el tiempo, a veces descalzo, siempre de un lado a otro a todo trapo. Luego vino mi identificación con la política, mi vida de luchador de largo aliento, semejante a la de los maratonianos (para mí es un honor llevar el sobrenombre de Bikila), sin quedar nunca al margen. Por ejemplo, mis principales retos para este año son, por un lado, como miembro activo del movimiento de jubilados, conseguir sacar adelante la ILP-HEL; y como deportista de 80 años, poder terminar la Behobia-Donostia. Si acompaña la salud, por supuesto.*

3. En el libro analizas los diferentes rumbos de las “izquierdas” en tiempos de crisis sistémicas como la pandemia. ¿Crees que Euskal Herria y los movimientos emancipatorios han sabido leer este momento histórico? ¿Qué aprendizajes destacarías?

  • Podemos considerar la COVID-19 o la epidemia como un fenómeno nuevo relacionado con la crisis climática, medioambiental y ecológica. Por lo menos, eso dicen los expertos; yo soy un ignorante en este tema. Siempre ha habido plagas y epidemias, y además muy letales. Xenpelar, el famoso bertsolari de nuestro pueblo, murió a los 33 años enfermo de viruela; recordemos la cantidad de gente que la llamada “gripe española” envió al otro mundo. Sin embargo, el COVID-19 es un fenómeno nuevo derivado del contagio con animales salvajes portadores asintomáticos, los cuales, al contactar con el ser humano, pueden contagiarle, creando una pandemia letal transmitida por la globalización del transporte, imposible de atajar de primeras. Ello desconcertó a todo el mundo, incluidos gobiernos y agentes científicos, desbordados (obligarnos a recluirnos en nuestras casas en espera de prontas vacunas). Nadie sabía qué hacer; todo eran rumores, incluidos los de los conspiranoicos. Y lo peor es que, aunque hemos superado la fase aguda de la pandemia ya convertida en fenómeno crónico similar a la gripe (no erradicada), es casi seguro que saltarán nuevas plagas derivadas de la crisis climática y la degradación medioambiental: problemas nuevos, desconocidos, pero interconectados. Y, por supuesto, la izquierda, como es normal, estuvo a la deriva durante un tiempo, respondiendo como podía por ejemplo, con un trabajo comunitario excelente en algunos pueblos y bastante paralizado en otros. Y claro, como es habitual, los poderes fácticos llevando el agua a su molino: sacando el ejército a la calle, normalizando su intervención, disciplinando a la sociedad, desplegando nuevos sistemas de control y vigilancia, etcétera. Las noticias provenientes de China eran, por un lado, ejemplares (sus avances médicos contra la pandemia), pero por otro, temibles y terribles en lo relativo a sus métodos de contención. Algunos barrios y pueblos fueron convertidos en cárceles gigantes de forma harto arbitraria.*

4. Mencionas a pensadores que marcaron tu ideario. ¿Quiénes han sido tus principales referentes teóricos o activistas, y cómo dialogan con las luchas actuales aquí?

  • Unamuno no es un santo de mi devoción, pero tenía razón cuando dijo que las ideologías puras, demasiado destiladas, al igual que el agua destilada desmineralizada, producen bocio o dogmatismo. Para muchos, yo soy trotskista porque antaño fui militante en ese movimiento. Sin embargo, me considero simplemente un marxista revolucionario, comunista antiestalinista. Mis preferencias van por los clásicos de la izquierda transformadora y revolucionaria: Marx, Engels, Lenin, el Che, Rosa Luxemburgo, Trotski, Ernest Mandel, etc. También tengo en cuenta a los anarquistas o libertarios (como Emilio López Adán, “Beltza”) y a autores diversos que han surgido del feminismo y el ecologismo (el ecólogo comunista Kohei Saito, Andreas Malm, Naomi Klein, Jorge Riechmann y Federici), y otros como Mujika, que son inclasificables. En suma, no me identifico con una escuela determinada. Pero si tuviera que elegir a un luchador de mi devoción, sería Espartaco. Se enfrentó al imperio más fuerte de la época con un ejército de esclavos. Jamás ha vuelto a haber tal revuelta contra los opresores.

5. Tu artículo sobre pensionistas (“los últimos mohicanos”) tuvo gran impacto. ¿Por qué crees que fue? ¿Ves en nuestra generación un modelo de lucha para los jóvenes?

  • Creo que fue porque se identificaron con mi reflexión. Por otra parte, dice un refrán: “Si el joven supiera y el viejo pudiera…” un dicho surgido de la tradición que hoy hay que relativizar, ya que la juventud, como es normal, además de fuerza y valentía, también tiene su sabiduría generacional ligada a su nivel de conocimiento cultural y experiencias propias; al mismo tiempo que los viejos tenemos otro tipo de sabiduría ni mejor ni peor, adquirida por la larga vida, pero además de dar consejos, podemos enfadarnos y mantener la lucha utilizando lo aprendido durante años; lo que podría ser una enseñanza de gran valor para la generación joven si ponemos puentes. Eso sí, cada generación tiene sus características, y la nuestra nació durante el franquismo, que nos enseñó a ser pacientes, disciplinados, endurecidos ante la represión y capacitados para hacer un trabajo sostenible. Yo mantengo doble o triple militancia (en el movimiento de pensionistas, en Alternatiba-Bildu y en el ecologismo), y puedo asegurar que los jubilados funcionamos mejor que los partidos salvo su aparato profesional. De ahí la metáfora de “los últimos mohicanos”.

6. El libro cierra con un análisis literario postpandemia. ¿Cómo ha influido este periodo en la cultura vasca? ¿Qué papel deben tener los escritores en tiempos de crisis?

  • Como he dicho, mientras tenga salud suficiente (pues sin ella no somos capaces de nada), mantendré aficiones varias: la política, la literatura, el deporte sobre todo la montaña. Todo eso, salvo la lectura y la escritura, durante la pandemia se quedó cortado. Nos vimos obligados a quedarnos en casa, haciendo gimnasia, y con tiempo sobrado para leer y escribir. Y así nacieron algunas reflexiones literarias. Otras venían de antiguo.

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