La accesibilidad no es un día: es un derecho perpetuo

Puntu eta jarrai
El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha que nos invita a la reflexión. Sin embargo, la verdadera cuestión no reside en celebrar un día, sino en garantizar que cada jornada del año, cada instante de nuestras vidas, respete la dignidad y los derechos de todas las personas.
Cuando la sociedad construye sus propios muros
Las personas con discapacidad conforman un grupo vulnerable y numeroso que, como señalara el Ministerio de Sanidad en 2013, ha sido sistemáticamente excluida por la forma en que se estructura y funciona nuestra sociedad. No se trata de una limitación individual, sino de una limitación colectiva: hemos creado espacios, servicios y sistemas que ignoran deliberadamente la diversidad de necesidades humanas.
Esta exclusión no es inocua. Restringe derechos fundamentales, obstaculiza el desarrollo personal y niega el acceso a recursos y servicios que deberían estar disponibles para toda la población. Más aún, impide que estas personas contribuyan con sus capacidades al progreso común, empobreciendo así a toda la sociedad.
El derecho a moverse: una libertad fundamental negada
El anhelo de una vida plena y la necesidad de realización personal son aspiraciones universales. Pero estas aspiraciones quedan truncadas cuando los derechos de igualdad y dignidad permanecen restringidos o ignorados. Y uno de los ejemplos más flagrantes de esta exclusión lo encontramos en el transporte público de cercanías del núcleo de Bilbao.
¿Cuándo fue la última vez que viste a una persona en silla de ruedas en los trenes de cercanías? La respuesta es reveladora: las tres líneas de este núcleo son completamente inaccesibles. Estaciones sin ascensores, con escaleras que se erigen como barreras infranqueables. Y aun en aquellas estaciones totalmente adaptadas, como la de Abando, los trenes mismos niegan el acceso.

La línea 3, con sus escalones, dificulta el acceso a personas con bastones, muletas, madres con carritos de bebé. Y lo hace imposible para quienes utilizan silla de ruedas. Las líneas 1 y 2, aunque a nivel del andén, presentan una distancia entre tren y plataforma que se convierte en un abismo insalvable.
Cuando la ley existe pero no se cumple
En 2007, el Real Decreto 1544/2007 estableció condiciones claras: los trenes deben contar con dispositivos que cubran la distancia entre coche y andén. El plazo de adaptación era de 13 años. Se cumplió en 2020. Han pasado cinco años desde entonces.
La legislación es meridianamente clara. El motivo para no cumplirla, no.
Si durante todos estos años no se ha actuado, y ahora el Gobierno Vasco plantea una prueba piloto en apenas 2 de las 22 estaciones, sin consultar a las personas realmente afectadas, cabe preguntarse: ¿cuánto tiempo más deberemos esperar?
Soluciones que se desechan sin razón
Cuando se anunció el proyecto de recrecidos de andenes, se descartó la opción de implementar un equipo de acompañamiento, similar al servicio Atendo que RENFE y ADIF ya operan con éxito en trenes de larga distancia. Una solución más rápida y sencilla que podría funcionar como medida provisional mientras se ejecutan las obras necesarias.

La justificación para rechazarla resulta incomprensible: supuestas cuestiones legales sobre “a quién había que ayudar y a quién no”. ¿Realmente se piensa que alguien que no necesita asistencia va a solicitar un servicio que requiere tiempo y gestión? ¿O que quien lo necesita no lo buscará?
La paradoja es dolorosa: mientras se dilatan las decisiones, muchas personas pueden viajar a Madrid, Valencia o Valladolid, pero no pueden desplazarse a Orduña, Muskiz o Barakaldo. El tren de largo recorrido es accesible; el de cercanías, que debería servir a la movilidad cotidiana, permanece vedado.
La accesibilidad no puede esperar más
Es hora de que el Gobierno Vasco asuma su responsabilidad y ejecute las adaptaciones necesarias en trenes, andenes y ascensores. No se trata de una concesión graciosa, sino de garantizar que un servicio público sea verdaderamente público: accesible para toda la ciudadanía, sin excepciones.
La accesibilidad no es un lujo. No es una mejora deseable. No es un proyecto a futuro. Es un derecho humano fundamental que no admite más dilación.
Porque la dignidad no se celebra un día al año. Se construye cada día, en cada decisión, en cada obra pública, en cada diseño de servicio. Y mientras dejemos fuera a una parte de nuestra comunidad, todos permaneceremos incompletos.
No podemos esperar más. No debemos esperar más.
La verdadera medida de una sociedad no se encuentra en cómo trata a sus miembros más fuertes, sino en cómo garantiza los derechos de todas las personas, sin excepción.

Agradecimiento
Este artículo recoge las reivindicaciones expresadas por la Plataforma de Personas con Movilidad Reducida y el Movimiento de Pensionistas de Bizkaia y Aiaraldea. Agradecemos profundamente su labor de denuncia y su compromiso incansable. Aunque su escrito se centra en el núcleo de Bilbao y Aiaraldea, esta problemática es extensible a todo Euskal Herria, donde la accesibilidad sigue siendo una deuda pendiente con miles de personas.

Tenemos que unirnos para lograr, que los derechos de las personas con Movilidad reducida se tomen más en cuenta.
Construir,diseñar y quitar muros cada día, para que puedan desplazarse sin ninguna dificultad.
Es su derecho y nuestra obligación, debemos ponernos en su lugar