La Alianza Atlántica, el militarismo y la guerra.

Javier Zulaika es miembro de Gerrarik Ez.
Hoy se cumplen 40 años del referéndum en el que Euskal Herria dijo NO a la OTAN. Y nos parece un buen momento para reflexionar sobre lo que ha supuesto nuestro ingreso en la alianza y los retos que plantea a la izquierda nuestra permanencia en ella, en un contexto internacional, caracterizado por la crisis del sistema capitalista y de su forma de dominación. Donde el recurso a la guerra se ha convertido en algo normal, como lo atestiguan Ucrania, el genocidio de Gaza, la agresión a Venezuela, la incipiente guerra en Irán o el deterioro de instituciones como las Naciones Unidas.
Empecemos con una pregunta básica: ¿Por qué sigue existiendo la OTAN?
En 1991, tras la caída del Muro de Berlín, el Pacto de Varsovia se disolvió, poniendo fin al enfrentamiento de bloques propiciado por la “guerra fría”, o eso es lo que se pensaba. La decisión de Washington de mantener la Alianza Atlántica y ampliarla hasta las fronteras rusas supuso en la práctica la reedición de los bloques en Europa, pero esta vez era: la OTAN contra Rusia.
Esta decisión estratégica de perpetuar la división europea tenía el objetivo de mantener y extender el poderío estadounidense. Y fue ideada por Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien en 1997 propuso aprovechar la debilidad de los países del este de Europa para ampliar la OTAN y dividir en tres a Rusia. Brzezinski convenció a demócratas y republicanos de su estrategia y de que el siglo XXI sería el “siglo de la supremacía absoluta de Estados Unidos”.

Promesas incumplidas y advertencias desoídas.
En 1990, tanto Estados Unidos como la Alemania Federal prometieron a Gorbachov, a cambio de permitir la unificación alemana, que la OTAN no se expandiría ni una pulgada más allá de Alemania. A menudo se cuestiona la veracidad de estas promesas o se aduce que no se firmó un tratado formal. Pero la verdad es que existen transcripciones de las reuniones donde se asumieron dichos compromisos y que en otras ocasiones, como en la crisis de los misiles de Cuba, se llegaron a acuerdos verbales que luego fueron cumplidos estrictamente.
Por otro lado, desde el inicio de la expansión de la OTAN, relevantes figuras diplomáticas y académicas estadounidenses, entre ellas el profesor John Mearsheimer, advirtieron del peligro que conllevaba dicha estrategia. Aduciendo que cuando Rusia se fortaleciese económica y militarmente, los dirigentes del Kremlin no se conformarían con protestar por el acoso militar al que estaban siendo sometidos, sino que reaccionarían violentamente, empujando a Europa a una confrontación armada.
Hoy, aquellas advertencias toman cuerpo en los cientos de miles de muertos en Ucrania y en los reiterados llamamientos de los gobernantes europeos a rearmarse para ir a la guerra contra Rusia. Es cierto que Moscú es responsable de haber invadido Ucrania, pero también lo es que esta es una guerra provocada por la expansión de la OTAN.

Las consecuencias.
En 1986, en Euskal Herria votamos en contra de la permanencia en la OTAN porque pensábamos que no garantizaba la paz en Europa y nos sometía al poderío militar, político y económico de Estados Unidos. Y desgraciadamente teníamos razón.
Quizás la consecuencia más concreta de nuestra pertenencia a la OTAN sea la imposición por parte de Donald Trump de gastar el 5% del PIB en armamento, que será comprado mayoritariamente a Estados Unidos. Para hacernos una idea de las implicaciones que tiene, basta decir que, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, la previsión de gasto militar europeo para 2035 ascenderá hasta 1,2 billones anuales, que será financiado con recortes en sanidad, educación, pensiones, agricultura, fondos para la lucha contra el cambio climático, etc.

El futuro de la OTAN.
Recientemente, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, expuso cómo la administración de Donald Trump cree necesario recuperar la política colonial de antaño para asegurar “la creación de una cadena de suministro occidental para minerales críticos que no sea vulnerable a la extorsión de otras potencias” y, así, poder “competir por la cuota de mercado en las economías del sur global”.
Este discurso, que fue muy bien recibido por los gobernantes europeos, abre la vía para convertir a la OTAN en el instrumento militar clave para, como decía Rubio, “recuperar el control de nuestras propias industrias y cadenas de suministro”. Es decir, para hacer lo que ya está haciendo Estados Unidos en Venezuela o pretende hacer en Irán: tomar el control de su gobierno para apoderarse de sus riquezas. El discurso, tan aplaudido por la élite europea, nos propone volver al brutal periodo de la explotación colonial.
En este contexto, que el gobierno español se haya posicionado en contra de una posible intervención en Irán es muy positivo. No obstante, la actitud del PSOE nos parece incoherente; por un lado, reconoce que Estados Unidos está “violando peligrosamente el derecho internacional”, pero a renglón seguido, sigue colaborando con ellos en organismos como la Alianza Atlántica.
Por último, en este nuevo periodo histórico en el que vivimos, la lucha contra la guerra y el colonialismo adquiere una importancia estratégica para la izquierda política y social. Necesitamos fomentar y movilizar la conciencia antimilitarista que ya existe, pues si no lo hacemos, será el militarismo y la guerra quienes cambien nuestra sociedad.

ratificó, palabra por palabra el comentario, que acabo de leer, creo, que siempre, seguiremos bajo el yugo, de los estados Unidos , mientras las personas de bien, etc, no luchemos con nuestro saber , etc contra los malos, algo así debió de decirlo un filosofo del siglo xlx
OTAN EZ!!!!!!
NI AYER NI HOY NI NUNCA.
ESTRUCTURA MILITAR PARA DEFENSA DEL ORDEN ESTABLECIDO, QUE NO ES OTRO QUE EL IMPERIALISMO MILITAR PARA APLASTAR A QUIEN SE LE OPONGA