La camiseta que nos ponemos

Puntu eta jarrai
Reflexiones sobre dinero, transparencia y prioridades
Para las pensionistas de Euskal Herria que cada mes sobreviven con lo justo, mientras otras hacen equilibrios con millones.
Hay mañanas en que una se despierta, revisa el recibo de la luz, descubre que la Diputación le ha cambiado las retenciones y la pensión baja 20 €. Y toca hacer cábalas: menos en la compra, retrasar la factura. Después viene la llamada de Osakidetza: cita médica en cuatro meses. Y, por último, la tele. Nuestra Real Sociedad sonríe, orgullosa, con Baghdadi Capital estampado en el pecho. Y una se pregunta cosas sencillas. Preguntas de abuela. Preguntas de sentido común.
El dinero que se ve… y el que no
En Gipuzkoa hay 196 545 pensiones. De ellas, 82 395 (41,9 %) no llegan al salario mínimo interprofesional. Entre las mujeres, el porcentaje asciende al 57,2 %. Más de 4 000 personas malviven con menos de 250 € al mes. Y casi 4 500 pensionistas necesitan complementar con la RGI para sobrevivir.
Mientras tanto, un fondo de inversión sin historial claro desembarca como patrocinador de nuestro equipo. Y nadie pregunta cuánto paga, ni de dónde viene exactamente ese dinero.
Baghdadi Capital: transparencia selectiva
Baghdadi Capital, a través de su filial Tamwuil, ha lanzado “el primer fondo del mundo conforme a la sharía”. Opera en el estado Español, Reino Unido, Estados Unidos e Irlanda. Se presenta como garante de inversiones éticas, libres de intereses.
Pero aquí surge una contradicción reveladora: la misma sharía que proclama cumplir prohíbe expresamente invertir en armamento. Sin embargo, patrocina al club cuyo presidente dirige SAPA Placencia, empresa de defensa que exporta transmisiones y sistemas de artillería a medio mundo.
¿Casualidad? Puede ser. Pero cuando las casualidades involucran millones, conviene preguntar.
Una aclaración
Esto no va contra la afición de la Real, sino precisamente porque es nuestro equipo y nos importa.

SAPA: de Andoain a Michigan
Jokin Aperribay, presidente de la Real Sociedad, también dirige SAPA Placencia, empresa armamentística familiar que fabrica transmisiones para tanques y sistemas de artillería. Por mucho que quiera mantener separados fútbol y negocio familiar, ¿no será que presidir un club de Primera División le viene bien para sus contactos internacionales? El mundo del armamento se mueve en círculos muy cerrados, y el prestigio deportivo abre puertas.
SAPA es la única empresa del sector defensa entre las 100 principales receptoras de fondos europeos Next Generation, con más de 10,3 millones de euros para un proyecto de innovación “civil” basado en tecnología militar. También recibió 2,3 millones más en 2025 en ayudas a la descarbonización.
Al mismo tiempo, en su filial de Michigan, SAPA compite por contratos del Ejército de Estados Unidos por valor de 30 000 millones de dólares para el nuevo vehículo de combate XM-30. Para reforzar su candidatura, en junio de 2024 nombró como presidente a Darren Werner, mayor general retirado y antiguo comandante del TACOM —la oficina del Pentágono que decide las compras de blindados. Del despacho de adquisiciones militares a presidir la filial de SAPA en menos de un año. Una puerta giratoria impecable.
Al final del día, SAPA fabrica componentes para máquinas de guerra. Por muy discreto que sea Aperribay separando fútbol y negocio familiar, las armas están ahí para matar gente.
Difícil no verlo como lo que es: un lobby militar de libro.
El deporte como escaparate
No es solo la Real Sociedad. El Madrid lleva a Emirates, el Barça pasó de Qatar Airways a Spotify, y la Premier está tomada por capitales de regímenes donde las mujeres son obligadas al velo, perseguidas y silenciadas.
Y no solo mujeres: en esos mismos países la homosexualidad está castigada con cárcel, latigazos o incluso la pena de muerte. Personas LGTBIQ+ viven bajo terror institucional. Y sin embargo, nos ponemos sus camisetas, aplaudimos sus logos, y convertimos su represión en espectáculo deportivo.
Y mientras escribimos esto, en Gaza caen bombas fabricadas con tecnología occidental, se destruyen hospitales con tanques que llevan transmisiones como las que fabrica SAPA, y mueren niñas y niños bajo un cielo que no distingue de nacionalidades ni camisetas. Pero el fútbol sigue, los patrocinios siguen, y nosotras seguimos aplaudiendo como si nada pasara.
Todo vale en ese querido “deporte” al que llamamos fútbol.

Las preguntas de abuela
Si no hay dinero público suficiente para pensiones dignas, ¿cómo es que aparecen capitales privados de origen opaco sin que nadie pregunte?
Si exigimos transparencia en lo público, ¿por qué no la pedimos en el ocio que consumimos?
Si denunciamos la desigualdad de género, ¿por qué celebramos capitales de países que oprimen a las mujeres?
Si defendemos los derechos LGTBIQ+, ¿por qué normalizamos capitales de países donde la homosexualidad se castiga con cárcel o muerte?
Si defendemos a nuestras hijas y nietas lesbianas, a nuestras compañeras trans, ¿por qué blanqueamos con camisetas los logos de quienes las persiguen?
La camiseta más importante
No acusamos. Preguntamos. Con la elegancia de quien ha vivido mucho y sabe que las preguntas son más fuertes que las respuestas fáciles.
Porque al final, queridas compañeras pensionistas, la camiseta que nos ponemos habla de quiénes somos y de lo que estamos dispuestas a aceptar. Y quizás haya llegado el momento de mirarnos al espejo, con esa camiseta puesta, y preguntarnos con calma y firmeza:
¿esto es realmente lo que queremos vestir?
Porque al final, queridas compañeras, entre todas nuestras contradicciones humanas, ¿no será esta una de las más graves? Exigir justicia con una mano mientras con la otra aplaudimos a quienes la impiden.
Este artículo se basa en información pública verificable. Las preguntas planteadas buscan promover la transparencia y la reflexión ciudadana.
