“La ILP de las pensiones arrasa: 145.142 firmas que el Gobierno Vasco no puede esconder”

“145.142 razones para que el Parlamento Vasco no ignore a las pensionistas: ¡La ILP va!”

Hoy es un día histórico. Las calles de Gasteiz vibran con la energía de miles de personas que exigen, aquí y ahora, que el Parlamento Vasco admita a trámite la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para elevar las pensiones mínimas al 100% del salario interprofesional. 145.142 firmas autentificadas (respaldadas por fedatarios públicos) reposan ya en la Junta Electoral de la CAV. Son el 13,5% del electorado vasco diciendo basta: las pensiones de miseria no pueden seguir esperando.

Gasteiz hierve de indignación y esperanza. Mientras lees estas líneas, la plaza se llena de pensionistas, colectivos feministas, sindicatos y jóvenes que gritan al unísono: “¡Sin pensiones dignas, no hay democracia!”. El acto masivo de hoy no es solo un símbolo; es la prueba de que el movimiento no se detendrá hasta ver la ILP debatida en el Parlamento. Los eventos en el Café Antzokia y la Sala Bilborock, las manifestaciones como la del 5 de abril, y los folletos repartidos en cada rincón de Euskal Herria han culminado en este momento. La presión es imparable.

“65.000 mujeres pensionistas en la CAV exigen lo imposible: Vivir con dignidad”

Los números no mienten. La CAV, una de las comunidades más ricas del Estado, solo necesita destinar el 1.4% de su presupuesto para salvar a 100.000 pensionistas (65.000 de ellas mujeres) de la pobreza. El dinero, lejos de “gastarse”, volverá a la economía vasca: en consumo básico, empleo y recaudación fiscal. La pregunta es clara: ¿Qué impide al Gobierno Vasco actuar?

Hoy se pone a prueba la voluntad política. El Lendakari Pradales lleva meses esquivando una reunión con el MPHE, mientras los servicios jurídicos del Parlamento ya confirmaron en octubre que la CAV tiene competencia plena para complementar pensiones. Si el informe del Gobierno Vasco es negativo, será un ataque directo a la autonomía vasca y a la democracia. Las calles no lo permitirán.

Hoy no es el final, sino el principio. Cada firma, cada cartel, cada grito en la plaza es un recordatorio: esta ILP no es un favor, es un derecho constitucional. El Parlamento tiene la palabra. Y Euskal Herria, la mirada puesta en ellos.

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