La medicalización de la menopausia trajo cánceres, ictus, infartos y demencias

Angel Bidaurrazaga Vandierdonck Doctor en Medicina, ex profesor de la UPV. Bilbao.

La transformación de procesos naturales en enfermedades comercializables representa una de las prácticas más cuestionables de la medicina contemporánea. El médico y profesor Ángel Bidaurrazaga analiza cómo la industria farmacéutica puede convertir una transición biológica normal como la menopausia en un lucrativo mercado de tratamientos innecesarios. Los artículos de Ángel Bidaurrazaga están recogidos en el libro de Juan Ramón Laporte de título “Crónica de una sociedad intoxicada”, donde se documenta sistemáticamente la medicalización de la vida y sus consecuencias sanitarias y económicas.

7 agosto 2024

La menopausia no es una enfermedad, sino otra parte de una vida sana.

Elixir de la menopausia y la juventud

En primer lugar, la menopausia no es una enfermedad, sino una parte más de la vida. Todas las mujeres llegarán alguna vez y, por tanto, se puede abrir un gran mercado si ese cambio en la vida se considera una enfermedad, tomando como ejemplo la medicalización de la vida.

La pérdida de la menstruación disminuye la función ovárica y disminuye la producción de estrógenos. El descenso de estrógenos puede provocar calentamientos e incluso posibilidades de continuar con otras señales como escalofríos, sudor y hormigueos. Estos síntomas pueden variar y quizá deban ser tratados mientras duren, pero no pueden considerarse patológicos.

En los años 60 se tomaron estrógenos para evitar el calentamiento de la menopausia y las vaginitis. A partir de 1974 aparecieron estudios que apuntaban a que la ingesta de estas hormonas implicaba riesgos importantes para el desarrollo de corazones infartados, embolias y cánceres de útero. Estos efectos se habían previsto porque sabían que los estrógenos elevan la tensión arterial y la coagulación. Con estrógenos a falta de progesterona, la multiplicación de las células del útero no tiene límites, por lo que se multiplican por diez las posibilidades de aparición de cáncer. Al saberlo, se propuso unificar un poco de progestágeno con estrógenos para “combatir” la menopausia, añadiendo otra hormona: el TSH. Pero como no se pueden patentar los estrógenos naturales, se les ocurrió ponerlos en la piel por parche, porque los parches sí estaban patentados.

Al no poder patentar los estrógenos naturales, se les ocurrió ponerlos en la piel por parche, ya que había parches patentados

Esa triple fórmula: TSH, progestágeno y estrógeno a la vez, se vendió como el elixir de la juventud, con la esperanza de evitar fracturas endureciendo los huesos, rejuvenecer las arterias y, excitando las neuronas, burlar el Alzheimer. A pesar de no presentar síntomas, se decía que el TSH era bueno para todas las mujeres menopáusicas. Así, en EEUU y Gran Bretaña, casi la mitad de las mujeres lo tomaron después de la menopausia, frente al 20% del estado español.

En 1993 se realizó un gran estudio en EE. Allí se prepararon 27.000 mujeres -de ellas 16.000 con útero y 11.000 sin él. La investigación fue interrumpida en el verano de 2002 por los cánceres y ictus de las glándulas mamarias que se estaban produciendo en la ingesta de TSH. Otros estudios también confirmaron los riesgos de cáncer, ictus y embolia. En EEUU se calcula que el TSH causó 60.000 casos más de cáncer de mama en diez años. En 2003 se descubrió que aumentaba el riesgo de infarto en las mujeres mayores de 60 años.

El elixir de la juventud trajo, pues, cánceres, ictus, infartos y demencias. A esto hay que añadir la calcitonina y la veraliprida neuroléptica, recomendadas a las mujeres para tratar la osteoporosis y la tristeza; otras dos malas opciones. Sin embargo, todavía la menopausia se anuncia como enfermedad en la televisión y en los debates políticos, así se lo escuché yo al menos a una candidata (mujer) de la izquierda federalista española en la campaña electoral vasca.

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One Comment

  1. la industria farmacéuticas no tiene límites.
    Acordaros del jardinero fiel

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