La pobreza de las mujeres nace de la desigualdad

Loli Pisón Ochoa de Eribe

Según datos de Eurostat, de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género del Parlamento Europeo, el número de mujeres en situación de pobreza es superior de forma estable al de hombres, repercutiendo de forma diferente en las mujeres e independientemente de las características específicas de los grupos de riesgo, como las mujeres de edad avanzada, las mujeres solas, las madres de familias monoparentales, las mujeres lesbianas, las mujeres bisexuales, las mujeres transgénero, las mujeres con diversidad funcional, las mujeres migrantes y las mujeres pertenecientes a minorías étnicas. Sus tasas de pobreza son las mismas en toda la Unión Europea.  

El 48,6% de las mujeres solas de la EU-28 no están en condiciones de hacer frente a gastos imprevistos.

Según el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, las mujeres constituyen la población más pobre del mundo y el número de ellas que viven en condiciones de pobreza rural ha aumentado en un 50% desde 1975.  Las mujeres realizan dos tercios de las horas laborales del mundo y producen la mitad de los alimentos mundiales, y, sin embargo, perciben únicamente el 10% de la renta mundial y poseen menos del 1% de la propiedad mundial.

Según Eustat, el trabajo doméstico no remunerado realizado por las mujeres en la CAV, supone el 18,6% del PIB.  Por comparar:  el PIB más alto del Estado Español, el del sector turístico, supuso un 12,4% en 2019, según el Instituto Nacional de Estadística.

Estas trabajadoras sin remuneración en los hogares, están cobrando (las que las reciben) pensiones no contributivas entre 100 y 400 euros, al llegar a los 65 años.  Las mujeres viudas se mantienen igualmente con pensiones de subsistencia.  Del resto de pensiones de mujeres, la mayoría no llegamos a 1.000 euros. Todas nosotras hemos contribuido al bienestar de nuestra sociedad.  Es justo exigir una pensión mínima digna de 1080 euros para todas las mujeres al llegar a nuestra vejez.  

Pero los gobernantes que tenemos no están trabajando para aliviar nuestra grave situación como mujeres trabajadoras y pensionistas.  Añaden recortes a nuestras menguadas economías y nos maltratan con otro Pacto de Toledo austericida, con sus objetivos privatizadores.

Porque no vamos a consentir que nos engañen, decimos bien alto:

¡NO AL PACTO DE TOLEDO!

Pensión Mínima 1080 euros, Salario Mínimo 1200 euros.

Emakumeok aurrera!!! 

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