Las mujeres mayores (y los hombres) tenemos derecho a la prevención en salud

El año pasado recibí una carta de Osakidetza después de que me realizaran la mamografía habitual cada 2 años.
En la misma después de señalar que “no se observa nada anormal”, añadían este párrafo: “El programa poblacional de cáncer de mama está dirigido a las mujeres 50 y 69 años, motivo por el cual ha sido dada de baja por edad y no volveremos a citarle. Si a partir de ahora nota alguna anomalía, consulte con su médico o médica.”
Está claro que el riesgo de cáncer no desaparece con la edad, pero Osakidetza no va a tomar ninguna medida preventiva y, a partir de los 70, detectar anomalías es tu responsabilidad. ¡Y lo escriben, sin ningún asomo de vergüenza!
Anteriormente ya había recibido una carta similar, en relación con el Programa de Prevención de Cáncer Colorrectal, ya que el programa está dirigido a mujeres y hombres entre 50 y 69 años. En esto también la responsabilidad de detectar anomalías recae en ti.
Hay que tener en cuenta que el Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama se inició en 1995, cuando la esperanza de vida era de 82,4 años para las mujeres. En 2022, esta edad se ha incrementado en casi 4 años, situándose en 86,1 años. Pero la edad para participar en el Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama no ha variado.
Es más, Osakidetza no tiene en cuenta la “Recomendación del Consejo de 9 de diciembre de 2022 relativa a la mejora de la prevención mediante la detección precoz: un nuevo enfoque de la UE para el cribado del cáncer”, donde se recomienda el cribado del cáncer de mama con mamografía para todas las mujeres de 50 a 69 años, y lo sugiere para las mujeres de 45 a 74 años, es decir, para mujeres 10 años más jóvenes y 5 más mayores.
Además, en el caso del cribado de cáncer colorrectal, la recomendación de Europa es que se realice a personas de 50 a 74 años, es decir, 5 años más. No sé si Osakidetza ha ampliado el rango de edad, porque en su página web tiene informaciones contradictorias: al inicio señala que el programa es hasta 74 años, pero en la presentación del mismo aparece hasta 69 años. Lo sabré a final de año, si nuevamente me invitan a participar. En este tipo de cáncer, son los hombres los que tienen más riesgo de padecerlo (5 de cada 10) que las mujeres (3 de cada 10).

Hay otro tipo de cánceres que no tienen programas de prevención, por ejemplo, el de ovario. Es cierto que todavía no hay una prueba eficaz para detectar este tipo de cáncer de manera precoz, pero es conocido que las mujeres mayores de 55 años que no han tenido hijos/as tienen mayor riesgo de padecerlo. ¿Por qué Osakidetza no recomienda a estas mujeres la realización periódica de un análisis y/o ecografía pélvica?
Y algo similar ocurre con el cáncer de próstata. Es muy común entre los hombres mayores, pero no hay un programa de prevención. Y en el documento de la Unión Europea antes mencionado también se recomienda “evaluar la viabilidad y eficacia del cribado organizado del cáncer de próstata para los hombres”.
En mi opinión, las situaciones que he presentado ponen en evidencia, por una parte, edadismo, y, por otra, no tener en cuenta las situaciones específicas relacionadas con la salud de las mujeres.
Edadismo, porque parece que se da poca importancia a que las personas mayores de 70 años enfermen, incluso aunque se trate de enfermedades graves.
El no tener en cuenta las situaciones específicas en relación a la salud de las mujeres es algo que ha sido denunciado desde hace años, en especial por mujeres profesionales del ámbito de la salud que trabajan la perspectiva de género, entre ellas, Carme Valls Llobet, endocrinóloga de 75 años y que, desde la década de los 90, lleva trabajando a favor de una medicina que tenga en cuenta a las mujeres desde su participación en estudios y ensayos clínicos hasta la Atención Primaria.
En su libro “Mujeres invisibles para la medicina” dice: “… si bien las ciencias de la salud han avanzado enormemente en las últimas décadas, más despacio avanza una medicina adaptada a las necesidades de la mujer desde una perspectiva biopsicosocial. Y todo pese a que cada vez existen más datos científicos que encuentran importantes diferencias en el modo de enfermar entre hombres y mujeres, así como en la evolución de las enfermedades o en la eficacia de los fármacos.”
Necesitamos un sistema de salud universal, que no excluya a las personas mayores y que tenga en cuenta las situaciones específicas de las mujeres, combatiendo la práctica habitual en la medicina de considerar el modelo masculino como universal.
Asimismo, hemos de entender la salud como algo que va mucho más allá de la ausencia de enfermedad, pero sobre eso hablaré en un próximo artículo.
Arantza Urkaregi Etxepare

Hay que seguir exigiendo para que nos sigan haciendo reconocimientos contra el cáncer a todas las personas y sin límite de edad
Muchas gracias es un artículo que demuestra claramente como hombres y mujeres mayores somos excluidos del derecho a la prevención de la salud Y que la investigación en Salud de mujeres mayores no se considera cuando está demostrado las diferencias en los procesos de enfermedad entre hombres y mujeres Es edadismo puro y duro y que repercute en la atención sanitaria en ambulatorios y hospitales
Estás en todas Arantza. Gracias por ser de las imprescindibles.