Los cuidados en Navarra: retos y realidades que nos afectan a todos

Puntu eta jarrai
Hablemos claro: cada vez somos más mayores y cada vez necesitamos más cuidados. Es una realidad que no podemos ignorar y que nos afecta a todos, directa o indirectamente. En Navarra, los números no mienten: si en 1979 solo el 9,7% de la población tenía más de 65 años, hoy ya somos el 20,5%. Y esto no es casualidad, es el resultado de vivir más años, que debería ser una buena noticia, ¿verdad?
La soledad, esa compañera no deseada
Pero vivir más años también trae sus desafíos. Una de cada cinco personas navarras mayores de 65 años vive sola. Y no hablamos de elegir la soledad, sino de esa soledad que no se busca, la que llega cuando van faltando las personas queridas o cuando la familia se dispersa por trabajo o por vida.
Esta sociedad nuestra, cada vez más individualista, nos está pasando factura. Para muchas familias, cuidar a las suyas se ha vuelto casi imposible por motivos económicos, de tiempo o simplemente porque no saben cómo hacerlo. Y ser cuidado tampoco está al alcance de todos.
El sistema de dependencia: avances y problemas
No todo son malas noticias. El sistema de atención a la dependencia ha crecido mucho en los últimos años. Si en 2015 atendía a 9.000 personas, en 2024 ya son 16.000. Los presupuestos se han doblado, lo que demuestra que hay voluntad política de invertir en este tema.
Pero seamos sinceros: aún hay cosas que chirrían. Por ejemplo, ¿sabéis cuánto se tarda en conseguir la valoración de dependencia? Unos 200 días de media, cuando debería resolverse en tres meses. Imaginaros la angustia de las familias esperando esa respuesta.
Y luego está el tema de las ayudas. En Navarra se dan más prestaciones económicas (el 42%) que servicios directos, comparado con el resto del Estado español (29%). Esto significa que muchas familias reciben dinero pero tienen que buscarse la vida para encontrar quién cuide a su familiar.
Las listas de espera: la cara menos amable del sistema
Hablemos de algo que duele: las listas de espera. Hay 664 personas esperando una plaza en residencia, con una media de espera de 4 meses. Pero en algunos sitios como San Jerónimo se puede llegar al año de espera, y en Landazabal o La Vaguada hasta 9 meses.
Para los centros de día, 397 personas están en lista de espera. Son números, pero detrás de cada uno hay una familia, una persona mayor que necesita atención ya, no dentro de unos meses.
El negocio de los cuidados
Aquí viene un tema peliagudo: los cuidados se han convertido en un negocio para algunos. Desde los años 90, grandes grupos inversores han visto en nuestras necesidades una oportunidad de hacer dinero. Empresas como Amavir, Domusvi o Solera gestionan muchas residencias con ánimo de lucro.
No es que esté mal que haya empresas privadas, pero cuando hablamos de cuidados, de nuestras personas mayores, de nuestros seres queridos, quizás deberíamos plantearnos si el beneficio económico debe ser lo primero.
Por suerte, también tenemos alternativas. La asociación Lares agrupa unas 40 residencias sin ánimo de lucro repartidas por toda Navarra, con más de 2.500 plazas. Son centros que funcionan de otra manera, donde el dinero que entra se reinvierte en mejorar la atención.

¿Qué podemos hacer? Propuestas de sentido común
Las soluciones no son complicadas, pero sí requieren voluntad:
Acelerar los trámites: No puede ser que alguien espere más de medio año para saber si tiene derecho a ayuda. Los procesos deben ser más ágiles.
Más servicios, menos dinero: Está bien dar ayudas económicas, pero mejor aún es ofrecer servicios directos: centros de día, atención domiciliaria, actividades en el barrio.
Apostar por lo público y lo local: Los centros de día deberían ser de gestión pública, gestionados por los ayuntamientos, cerca de casa. Lo mismo con las residencias: necesitamos más plazas públicas donde el objetivo sea el cuidado de calidad, no el beneficio económico. El servicio de atención domiciliaria debería funcionar también por las tardes y los fines de semana.
Cuidados integrales: Que los servicios sociales y sanitarios trabajen juntos, que no tengamos que ir de ventanilla en ventanilla contando nuestra historia una y otra vez.
Hacia un modelo público de cuidados
Pero hay una cuestión de fondo que debemos plantearnos: ¿pueden los cuidados ser realmente de calidad si se ven como un negocio? Cada vez más voces reclaman un sistema público de cuidados, similar al sistema público de salud.
Imaginaros un modelo donde las residencias sean públicas, donde los centros de día funcionen como los centros de salud, donde la atención domiciliaria esté garantizada como un derecho. Donde la prioridad sea cuidar bien, no generar beneficios para los accionistas.
No es una utopía. En otros países europeos ya funciona así. Y aquí tenemos ejemplos: las tres residencias públicas que existen (Santo Domingo de Estella, El Vergel y San Francisco Javier) dan buen servicio, y las de Lares, sin ánimo de lucro, demuestran que se puede hacer de otra manera.
Pensar en lo comunitario Una idea que está ganando fuerza, y que complementa perfectamente un sistema público de cuidados, es la de los cuidados comunitarios. Pues que el barrio, el pueblo, la comunidad, también cuide. Proyectos como comedores comunitarios, grupos de apoyo mutuo, actividades intergeneracionales.
No se trata de sustituir a los servicios profesionales, sino de complementarlos. De crear una red donde nadie se sienta abandonado, donde envejecer en tu pueblo o tu barrio sea posible el mayor tiempo posible.
Las personas trabajadoras del cuidado: las grandes olvidadas
Y no podemos cerrar sin hablar de quienes nos cuidan día a día: las auxiliares, las limpiadoras, las cocineras, el personal de enfermería… En su mayoría mujeres, muchas de ellas inmigrantes, con sueldos bajos, contratos precarios y condiciones laborales que dan pena.
Si queremos cuidados de calidad, debemos empezar por cuidar a quienes cuidan. Mejores sueldos, más estabilidad, reconocimiento social. Es de justicia y también de inteligencia: si las personas cuidadoras están bien, nosotras estaremos mejor cuidadas.
Conclusión: los cuidados, cosa de todos
Al final, el tema de los cuidados nos incumbe a todos. Hoy somos nosotros quienes necesitamos ser cuidados, pero nuestros hijos y nietos también envejecerán. ¿Qué sociedad les queremos dejar?
Una donde los cuidados sean un derecho, no un privilegio. Donde nadie tenga que elegir entre cuidar a sus familiares o trabajar. Donde envejecer con dignidad sea posible para todas las personas, independientemente del dinero que tengan en el banco.
Los retos son grandes, pero no imposibles. Solo necesitamos voluntad política, recursos suficientes y, sobre todo, entender que una sociedad se mide por cómo trata a sus personas mayores. Y en eso, aún tenemos trabajo por delante.

yo comenzaría por exigir al total de las residencias privadas el mismo ratio de personal que en las residencias públicas por ley.
Si todos los familiares nos ponemos todos s una , se le iba a acabar la tontería a la diputación, k ni d lejos cumplen los cuidados más básicos , solo recortar y recortar en personal y cuidados directos ,y los trabajadores extenuados ante tanto desgaste físico y síquico .. Entre todos los ciudadanos tenemos k EXIGIR , mejores cuidados