“Memoria y reivindicación: del 3 de marzo al 8 de marzo, un camino de lucha compartida”

La memoria de la lucha y la persistencia de la desigualdad
Este año, dos fechas clave en Euskal Herria nos recuerdan la importancia de la memoria histórica y la lucha por la justicia social.
El 3 de marzo de 1976 quedó marcado por una de las represiones más brutales de la historia reciente, cuando la policía franquista disolvió violentamente una asamblea obrera en Vitoria-Gasteiz, dejando un saldo de siete muertos y más de 150 heridos. Casi cinco décadas después, la impunidad de aquellos crímenes sigue siendo una herida abierta, mientras que las reivindicaciones de entonces —mejores condiciones laborales, salarios justos y una vida digna— siguen vigentes.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nos recuerda que la lucha por la igualdad y contra la violencia patriarcal es más necesaria que nunca. En Euskal Herria, la brecha de género en salarios y pensiones sigue siendo una realidad alarmante. Las mujeres, históricamente relegadas a trabajos peor remunerados y a tareas de cuidado no remuneradas, perciben pensiones significativamente más bajas que los hombres. Esta injusticia no solo afecta su calidad de vida, sino que perpetúa un sistema que las discrimina económicamente.

Del 3 de marzo al 8 de marzo: una lucha compartida
El 3 de marzo de 1976, la represión policial ordenada bajo el mandato del entonces ministro del Interior, Martín Villa, dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de Euskal Herria. Durante la disolución violenta de una asamblea obrera en la iglesia de San Francisco de Vitoria-Gasteiz, cinco trabajadores perdieron la vida: Pedro María Martínez Ocio (27 años), Francisco Aznar Clemente (17 años), Romualdo Barroso Chaparro (19 años), José Castillo García (32 años) y Bienvenido Pereda Moral (30 años). Posteriormente, en las protestas que siguieron a este hecho, dos jóvenes más fueron asesinados: Juan Gabriel Rodrigo Knafo (19 años) en Tarragona y Vicente Antón Ferrero (18 años) en Basauri.
Estos crímenes, aún impunes, son un recordatorio de la violencia ejercida contra quienes luchaban por condiciones de vida dignas y de la necesidad de seguir exigiendo justicia.
La conexión entre estas dos fechas es evidente. Ambas representan la resistencia frente a la opresión y la búsqueda de una sociedad más justa. En 1976, la respuesta a la represión fue masiva: medio millón de personas participaron en una huelga general el 8 de marzo, demostrando que la solidaridad y la organización obrera podían desafiar al poder establecido. Hoy, esa misma solidaridad se manifiesta en la lucha por equiparar las pensiones mínimas al Salario Mínimo Interprofesional, una iniciativa que beneficiaría especialmente a las mujeres.

La brecha de género: un desafío urgente
La desigualdad económica entre hombres y mujeres no es un problema nuevo, pero sigue siendo una realidad que requiere atención inmediata. En Euskal Herria, las mujeres perciben pensiones que, en muchos casos, las condenan a vivir en la pobreza. Esta situación es el resultado de décadas de discriminación en el mercado laboral, donde las mujeres han sido relegadas a trabajos precarios y mal pagados. La lucha por unas pensiones dignas no es solo una cuestión económica, sino también de justicia social.
Un llamamiento a la acción
- Desde Gaurgeroa, hacemos un llamamiento a la movilización y a la unidad en la acción. El 3 de marzo y el 8 de marzo son fechas para recordar, pero también para actuar. La memoria de quienes lucharon por una vida digna en 1976 debe inspirarnos a continuar su legado. Al mismo tiempo, la lucha por la igualdad de género y unas pensiones justas es un desafío que no podemos postergar.
La justicia no puede esperar. La igualdad no puede esperar. Es hora de unirnos y luchar por un futuro en el que nadie sea discriminado por su género ni condenado a vivir en la pobreza.
Editorial gaurgeroa.eus
