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MUJERES MAYORES SOLAS Y EL COVID 19, UNA REALIDAD OCULTA.

Son miles las mujeres mayores que viven solas en nuestros pueblos y ciudades. Mujeres, muchas de ellas, que salieron a las plazas todos los lunes asfixiadas por la situación de pobreza en la que se encontraban.

¿Dónde están hoy?, ¿Cómo se encuentran?, ¿Cómo están pudiendo soportar esta situación?

Nos dicen los gobernantes desde los medios de comunicación que se está en contacto con ellas. Una simple llamada por teléfono, cuando se produce,   no es suficiente para poder  saber cual es su situación real.

Hay muchas personas voluntarias que están intentando echarles una mano con las compras, pero cuando los ingresos son muy escasos es complicado hacer una lista de las necesidades con dignidad. Muchas, cientos de ellas,  antes del covid 19 podían alimentarse gracias  a la ayuda, al tuper,  que les traían sus familiares, y que ahora no pueden recibir. Por ello nos tememos que muchas de estas mujeres estén mal alimentadas ahora.

Las medicinas cuestan mucho dinero cuando se dispone de muy poco, y en estos momentos estarán dejando de tomarlas.

Estar todo el día en casa supone un gran aumento en calefacción y en electricidad. Lo pensión no llega para tanto.

Estamos asistiendo, desgraciadamente,  a la gran catástrofe humanitaria que está sucediendo en las residencias con las personas ancianas, lugares donde se suponía que las personas residentes debían estar bien atendidas y cuidadas. Por ello nuestra preocupación es también por los miles de personas mayores, de mujeres mayores solas que no tienen ningún control ni cuidado más que el de ellas mismas.

Ante esta realidad casi oculta no oímos por ningún lado que sean un grupo prioritario al que hay que cuidar especialmente, ni que estén en la lista de las personas  a las que es necesario detectar el posible contagio. Muchas de estas personas ocultarán hasta los síntomas por no preocupar ni contagiar a sus familiares.

No sabemos con que panorama nos vamos a encontrar cuando se abran muchas puertas.

Estamos convencidas de que son personas, mujeres, fuertes y muy responsables, pero muchas de ellas encerradas en sus casas en situaciones de desamparo y pobreza.

Por todo ello exigimos a las instituciones y a los gobernantes : 

Que las personas mayores, y más aún  las que viven solas sean un grupo prioritario para recibir ayudas económicas y controles sanitarios.

Que sean visitadas periódicamente por profesionales para conocer su estado real de salud.

Que se les realice tests de detección de la enfermedad aún sin presentar síntomas.  

Que se pongan en marcha ayudas económicas específicas para hacer frente a los gastos que el confinamiento está aumentando: alimentación, productos de limpieza, electricidad, impuestos municipales, seguros…

Que se elimine del copago farmacéutico. 

Nuestra sociedad no puede ni debe permitir que esta crisis se cebe otra vez con las personas más desfavorecidas, entre las que se encuentran las personas mayores en soledad.

Las instituciones tienen la responsabilidad de que esto no ocurra.

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