Nadie opera solo

Osakidetza · Sanidad pública · Hego Euskal Herria

Este otoño coinciden dos conflictos en la sanidad pública: la huelga indefinida de los sindicatos médicos contra el Estatuto Marco y las cinco jornadas de huelga convocadas por la práctica totalidad de la plantilla de Osakidetza. Se cuentan por separado, como si no tuvieran nada que ver. Conviene leerlos juntos y hacerse dos preguntas incómodas: por qué el foco apunta a Madrid cuando el convenio se firma aquí, y qué le ocurre a un sistema cuando cada colectivo busca su propia puerta de salida.

1Un quirófano a las tres de la madrugada

Conviene empezar por una imagen, porque las imágenes deciden más discusiones que los argumentos.

Un quirófano a las tres de la madrugada. Hay un cirujano, sí. También una anestesista que vigila la respiración minuto a minuto, una enfermera instrumentista que se adelanta a la mano que va a pedir el bisturí, una auxiliar que ha preparado el campo, un celador que ha traído al paciente desde la planta, alguien que dejó ese quirófano esterilizado cuatro horas antes, un técnico de laboratorio que lee una muestra al otro lado del pasillo y una administrativa que hizo que ese paciente y ese quirófano coincidieran en el tiempo. Retírese a cualquiera de ellos y la operación no se hace. No se hace peor: no se hace.

Eso es la sanidad pública. No una suma de profesionales que comparten edificio, sino un cuerpo que funciona entero o no funciona. De ahí se sigue una idea que no es de izquierdas ni de derechas, sino de simple aritmética del cuidado: a quien cuida hay que cuidarlo. A todos los que cuidan.

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2Lo que los médicos piden con razón

Empecemos por donde muchos artículos ni siquiera entran, porque discutir con la versión débil del adversario es una forma elegante de no discutir.

Los motivos del colectivo médico son reales. Guardias de veinticuatro horas que en pleno siglo XXI siguen sin computar como lo que son a efectos de jubilación. Jornadas que, sumando actividad ordinaria y extraordinaria, superan con holgura lo que ninguna inspección toleraría en una fábrica. Plazas que no se cubren y que se tapan con el sobreesfuerzo de quien ya está dentro. Años de residencia que hasta anteayer no contaban para nada. Una edad media de plantilla que anuncia jubilaciones masivas sin relevo preparado. Quien haya pasado una noche en unas urgencias sabe que esto no es un capricho corporativo.

Hay algo más incómodo todavía. El sistema ha aprendido a funcionar gracias a que sus profesionales hacen, de forma voluntaria, lo que la administración no puede exigirles: autoconcertación, prolongaciones de jornada, actividad extraordinaria. Un modelo sostenido sobre horas extra no es un modelo. Es una deuda que alguien pagará más tarde, y ese alguien suele ser el paciente.

Nada de esto está en discusión. Lo que está en discusión es otra cosa.

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3Especificidad no es separación

En cualquier empresa, pública o privada, el convenio distingue. Distingue categorías, funciones, titulaciones, turnos, penosidad, responsabilidad. Un convenio siderúrgico no paga igual al hornero que al administrativo, ni computa igual el turno de noche que el de mañana. La especificidad de cada oficio se reconoce dentro del acuerdo común, y precisamente por eso el acuerdo común tiene sentido: es el lugar donde las diferencias se ordenan en vez de convertirse en carreras separadas.

Todo convenio distingue. Ninguno separa.

La distancia entre reconocer una singularidad y levantar un régimen aparte no es de grado, sino de naturaleza. Es la diferencia entre una mesa con varias sillas y varias mesas sin sala común. Cuando un colectivo negocia bilateralmente y regresa con un acuerdo propio, como ocurrió en Osakidetza el 20 de julio, lo que se ha desplazado no es solo un capítulo retributivo: se ha desplazado el lugar donde se decide. Y el lugar donde se decide es siempre lo que de verdad se está negociando.

No hace falta atribuir malas intenciones a nadie. La pregunta pertinente no es quién merece más, sino qué le ocurre a un sistema cuando cada cual busca su propia puerta de salida. La respuesta es previsible: la encuentran quienes ya tenían llave.

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4Dieciocho años

El escándalo mayor, sin embargo, no lo ha provocado ningún colectivo profesional.

SATSE, ELA, LAB, CCOO y UGT, es decir, prácticamente toda la representación de la plantilla de Osakidetza, han convocado cinco jornadas de huelga entre el 30 de octubre y el 14 de diciembre. Reclaman, entre otras cosas, la negociación de un convenio que denuncian pendiente de actualización desde hace más de dieciocho años. Dieciocho. Conviene traducirlo a tiempo doméstico: un recién nacido de entonces vota hoy. Han pasado gobiernos, crisis, una pandemia con aplausos a las ocho de la tarde, planes estratégicos y campañas electorales enteras. El marco laboral de quienes sostienen el servicio público más valorado del país sigue sin actualizar.

Eso no es un accidente ni una fatalidad meteorológica. Es una decisión tomada muchas veces por omisión, por quien tenía la competencia y la obligación de negociar. En el vocabulario político esa palabra se usa poco, pero existe: irresponsabilidad.

Y conviene decirlo sin rodeos, porque la tentación es muy humana en cualquier administración: negociar con seis mesas resulta más cómodo que negociar con una. Cuando el convenio se congela y los acuerdos llegan por vía bilateral, no es el sistema el que gana tiempo, sino quien gestiona el sistema el que gana margen. El precio lo paga quien menos capacidad de presión tiene. Al final del pasillo, la factura llega a la lista de espera.

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5Exigir lejos, eludir cerca

Estos días se reclama con vehemencia la dimisión de la ministra de Sanidad por el conflicto del Estatuto Marco. Es una posición legítima: el proyecto de ley está en tramitación en el Congreso y las críticas de los sindicatos médicos son cualquier cosa menos silenciosas.

Pero un mapa que ilumina Madrid con focos y deja en penumbra la Mesa Sectorial de Sanidad describe mal el territorio. Osakidetza no se gestiona en Madrid. El convenio de Osakidetza no lo bloquea Madrid. Las plantillas, las sustituciones, las guardias, la organización de la atención primaria y las listas de espera del sistema vasco no se deciden en Madrid: se deciden aquí, con presupuesto propio, competencia propia y firma propia. Quien gestiona Osakidetza y al mismo tiempo señala exclusivamente al Ministerio está practicando una figura conocida, la de exigir responsabilidades a cuatrocientos kilómetros mientras se eluden a cuatro manzanas.

Resulta llamativa, además, la desproporción del lenguaje. El pacto bilateral con un colectivo se presenta como histórico. Los dieciocho años sin convenio para el resto no reciben adjetivo alguno: no se presentan como nada, porque no se presentan.

Un problema que nunca se nombra es un problema que nunca existe, y ahí radica exactamente su utilidad.
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6El relato también se gestiona

Hay un segundo plano en todo esto, menos visible y quizá más determinante, que es el del encuadre informativo.

Cuando el medio público vasco dedica el grueso de su cobertura sanitaria al conflicto estatal, con abundancia de declaraciones que reclaman la dimisión de una ministra, y reserva al conflicto de casa un lugar breve y técnico, el efecto no es informativo, sino de encuadre. No hace falta suponer mala fe ni consigna alguna. Basta con observar el resultado: en la conversación pública queda un culpable nítido, lejano y ajeno, y un problema difuso, cercano y sin responsable con nombre.

A un medio de titularidad pública, financiado por los mismos contribuyentes que esperan una prueba diagnóstica desde hace meses, se le puede pedir exactamente lo mismo que a cualquier medio serio: que el volumen del foco guarde alguna proporción con el volumen de la competencia.

Vigilar de cerca a quien gobierna de cerca no es militancia. Es la definición del oficio.
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7Todos o ninguno

Queda entonces una pregunta abierta, que es la única que este otoño merece respuesta.

Un acuerdo firmado por una sola parte se revisa en cuanto cambia el gobierno o el ciclo presupuestario. Un acuerdo sostenido por toda una plantilla es mucho más difícil de deshacer. Al colectivo médico eso debería interesarle incluso desde el cálculo más frío: su singularidad estará mejor protegida dentro de un marco común que en un pacto que depende de la voluntad de quien lo firmó.

A quien crea que el debate consiste en repartir un pastel pequeño entre demasiadas manos, cabe recordarle quién ha decidido el tamaño del pastel y quién lleva dieciocho años sin sentarse a cortarlo.

El 30 de septiembre hay Mesa Sectorial. Se sabrá entonces si la administración acude con contenidos o vuelve a acudir con calendario. Y en las semanas siguientes se sabrá algo más: si el conflicto de la sanidad vasca se cuenta como lo que es, un asunto de gobierno propio, o como lo que resulta más cómodo, un episodio de la política de Madrid.

Porque lo que está en juego no son unas nóminas. Es si dentro de diez años seguirá habiendo alguien de guardia a las tres de la madrugada.

Nadie opera solo. Tampoco se arregla solo un sistema de salud.
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5 Comments

  1. El pasado día 14 de septiembre se celebró una jornada de los cursos de verano de la EHU sobre ” Estudios longitudinales: contribuciones para abordar los retos del envejecimiento “. Van a ir presentando los resultados del trabajo poco a poco pero para quienes estuvimos en la jornada hay algunas cosas que creemos es URGENTE abordar, aunque desde el G.V., al menos hasta ahora, dicen que todo va bien. Me refiero a la grave situación de Osakidetza y como aborda tambien este articulo “nadie opera solo”.
    Hay un dato del estudio bastante relevante, las limitaciones que tienen las personas mayores por motivos de salud ascienden a más del 50% y, por tanto, es urgente abordar la solución de todos esos problemas y, claro esta, nunca vendrá de la privatización de la salud, como el PNV está realizando, sino del refuerzo de la sanidad publica abordando TODOS los problemas, sin dar prebendas a un pequeño colectivo como esta haciendo el Consejero.Somos toda la ciudadanía quienes necesitamos soluciones, tambien los trabajadores y trabajadoras del sector y NO favorecer a colectivos concretos. Defendamos una Sanidad Publica y en condiciones para todos y todas sin recortes.

  2. Falta un análisis sobre lo que sufrimos los pacientes. Listas cerradas en traumatología, año y medio para pasar consulta en oftalmología, especialistas que rechazan las derivaciones que hacen las médicos de atención primaria,…
    Si todos pertenecemos a la misma sociedad, por qué no una respuesta conjunta, y no partidista y meramente económica.
    Huelga o movilización general.

  3. Comparto con el/la redactor/a el punto de vista holístico de la salud pública. la visión de equipo, de que “todos son necesarios para que el quirófano funcione”…
    Sin embargo, no comprendo cómo, hasta que l@s facultativ@s no han reivindicado unas condiciones laborales clara y flagrantemente discriminatorias en comparación con todos esos compañeros de equipo, ningún grupo (político, sindical, editorial, medio de comunicación…) han / habéis hablado de esas condiciones y de la viabilidad del sistema. Por qué son los y las médicos los únicos que tienen jornada complementaria obligatoria hasta los 55 años? jornadas de 24 horas (o más) ininterrumpidas? los y las únicos que superan con creces esas 1592 horas/anuales que los demás componentes del equipo quieren reducir y los representantes de sus colectivos no dicen una sola palabra para reclamarlo para los médicos?. Por qué ahora, cuando el colectivo médico por fin consigue que le escuche Osakidetza, la Consejería y sobre todo, la población, justo ahora, hablamos de desmembrar la salud pública? Cuando un facultativo trabaja 2200-2300 horas obligatorias hasta los 55 años, está muy cohesionado el sistema, verdad? Cuando enfermer@s y auxiliares de enfermería cobran en descansos el solape de turnos (de 8 o 12 horas) o los cursos fuera del horario laboral… pero los facultativos, después de estar 24 horas trabajando, transfieren la responsabilidad prácticamente integra de los pacientes al siguiente compañero y no disfrutan de ese descanso, el sistema está perfectamente cohesionado, verdad? Cuando, de nuevo, todos esos componentes del equipo son sustituidos por otr@s compañer@s durante sus vacaciones, permisos o bajas, pero los médicos cargan con la labor de quienes faltan, o ell@s mismos cargan con sus guardias de 24 horas los días que no están de vacaciones para no dejarlas como extra a quienes se quedan trabajando mientras tanto, el sistema fluye como la seda. O cuando las necesidades del servicio, exigen a l@s facultativ@s reforzar la planta COVID u obtener las muestras de los pacientes con riesgo de enfermedad transmisible para “minimizar el número de profesionales en contacto con el paciente contagios”, el sistema navega viento en popa…
    Maldita hipocresía. Maldita falsedad la de quienes dicen importarles la sanidad pública sin tener en cuenta en absoluto las condiciones de algunos componentes de ese equipo de quirófano. Un curioso equipo en el que en vez de alegrarnos por la mejora en las condiciones de los componentes cuya exigencia formativa es la más larga (11 años), su exigencia legal/ penal es máxima y quienes, todos los saben dentro, son quienes resuelven cada día los partidos de la salud de cada paciente… en vez de eso, abanderamos la bandera de una falsa equidad, de una falsa cohesión, una falsa sanidad pública en la que desde hace años, mejoramos las condiciones del resto del equipo a expensas de no tocar las de una parte del mismo. No tocar, porque se vende rápido y bien que esos jugadores son los privilegiados, los favoritos del entrenador, los egoístas que, pidiendo que sus condiciones se asemejen a las del resto, son los culpables de que se desmembre el equipo…
    Y sí, los pacientes, esos a los que los facultativos ponen nombre y apellidos, pagan a diario las consecuencias de que todo el equipo de quirófano descanse adecuadamente excepto el que dirige el bisturí. Si todos somos importantes, por qué los pacientes no reclamáis que además de quien cita al paciente, quien le traslada a quirófano y quien ayuda a manejar el instrumental, descanse igual, quién corta y cose la arteria coronaria derecha a las 3:00 am?

  4. Yo tengo una pregunta para quien escribe.
    Cuando otros colectivos que no son los médicos, por ejemplo l@s enfermer@s, han mejorado sus condiciones laborales en las mesas de negociación (colectiva o bilateral), ¿cuántas huelgas o reclamaciones por descohesión del sistema han denunciado los sindicatos de los demás colectivos? Ah, ninguna, ya.
    Y cuando los y las técnicos de radiología han hecho huelga para pelear por una mejora de sus condiciones, ha habido algún artículo periodístico acusándoles de desmembrar el sistema sanitario público? Ah no, tampoco.
    Y cuando l@s matronas computan una hora de trabajo nocturno como 1,5 horas trabajadas y sin embargo los médicos trabajan 24 seguidas computando 1 hora como 1 hora? Ah, que tampoco ningún sindicato les ha tachado de descohesionar nada?
    Qué curiosa defensa del sistema público de salud…

  5. Me ha llamado la atención especialmente el apartado “Exigir lejos, eludir cerca”.
    Sobre todo porque como dice el refrán “vemos la paja en el ojo ajeno” …
    ¿Cuántas veces esos sindicatos vascos (aquí en Euskadi) que se vanaglorian de la defensa de los trabajadores vascos, han defendido las condiciones laborales de l@s facultativ@s médic@s de Osakidetza? ¿Cuántas veces les hemos escuchado defender la seguridad de los pacientes por tener a facultativos trabajando 24 horas ininterrumpidas? ¿Cuántas les hemos escuchado la defensa de una jornada laboral igualitaria entre enfermer@s (1592 h /año), TCAEs (1592 h/año), celadores (1592 h/año), personal de limpieza (1592 h/año) y los facultativos anestesista y cirujano (entre 2200 y 2400 h/año) de ese quirófano igualitario, equitativo, cohesionado y tan bien descrito cual poesía de G.A. Béquer?
    Ya se lo digo yo. NINGUNA

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