Osakidetza: Lo que nunca nos dijeron
Durante años creímos que Osakidetza era nuestra. La sanidad pública de las tres provincias fue una conquista, no una concesión. Nadie nos explicó lo que pasaría después: la privatización silenciosa, el dinero que se fue por la puerta de atrás, los médicos formados con dinero público que se marchan. Esto es lo que nunca nos dijeron.
Un sistema conquistado, una gestión opaca
Desde 1984, el ejecutivo de las tres provincias gestiona Osakidetza con plena autonomía. Decide cuántos médicos contrata, cuánto dinero invierte en hospitales y centros de salud, qué servicios presta directamente y cuáles subcontrata. Madrid no interviene en esas decisiones. Nunca ha intervenido.
Lo que tampoco sabemos es quién ha tomado esas decisiones, bajo qué criterios, y a quién han beneficiado.
Porque los pactos de gobierno nunca se explicaron con claridad. Votábamos, y los partidos de siempre pactaban entre ellos, y Osakidetza quedaba en manos de quienes acordaran repartírsela. El PNV nunca cedió la Consejería de Salud. Legislatura tras legislatura, con el PSOE como socio desde 2016, y antes con ese mismo PSOE gobernando junto al PP entre 2009 y 2012. Distintos socios, misma opacidad.
Lo que nadie puso sobre la mesa fue la pregunta fundamental: ¿hacia dónde va el dinero de nuestra sanidad?
El truco del presupuesto más alto de la historia
Cada año, el ejecutivo de las tres provincias presenta el presupuesto de salud como un logro. «El mayor de la historia», repiten. Y en cifras absolutas, es verdad: en 2026 el Departamento de Salud gestiona más de 5.300 millones de euros.
Lo que no dicen es lo que revelan los datos aportados en el Parlamento de las tres provincias: el peso del presupuesto de salud sobre el presupuesto total ha caído por debajo del 31% por primera vez desde 2008.
El truco es sencillo. Mientras el presupuesto total del ejecutivo crece año tras año, la porción que corresponde a sanidad mengua en términos relativos. El pastel es más grande, pero a Osakidetza le dan una tajada proporcionalmente menor. Y esa diferencia, multiplicada por años, se traduce en plantillas sin cubrir, infraestructuras sin renovar, y listas de espera que no dejan de crecer.
El dinero que se fue por la puerta de atrás
La respuesta está en los documentos que la Consejería de Salud remitió al Parlamento de las tres provincias. No hace falta interpretarlos: hablan solos.
Entre 2019 y 2022, más de 220 millones de euros en contratos y concertaciones de Osakidetza fueron a parar a empresas privadas vinculadas a excargos y personalidades del PNV. De esa cantidad, 117,7 millones fueron a empresas dirigidas por exaltos cargos del propio Servicio Vasco de Salud. Otros 42,3 millones, a una entidad presidida por una exportavoz del ejecutivo jeltzale. Y 34,4 millones más, a mercantiles en manos de ex miembros de la dirección del partido.
A esto se suma el caso de la empresa adjudicataria del servicio de ambulancias de Osakidetza, que tiene entre sus directivos a un candidato del PNV y a un ex alto cargo del Departamento de Salud. La misma empresa que, mientras mantenía intactos sus contratos públicos, anunció drásticos recortes salariales a sus trabajadores alegando pérdidas millonarias.
Así funcionan las puertas giratorias: hoy eres cargo público, mañana diriges la empresa que factura con el sistema que tú mismo gestionabas. Y nosotros pagamos la factura sin saberlo.
La privatización que nadie votó
El gasto en derivar pacientes y servicios a clínicas privadas ha pasado de 211 millones de euros en 2020 a cerca de 300 millones en 2024. Casi un 50% más en cuatro años. Mientras tanto, la inversión directa en Osakidetza apenas ha crecido. El presupuesto de personal subió un 0,9% en 2025. El de inversiones, aún menos.
La lógica de este modelo no es difícil de entender. Se infrainvierte en el sistema público. Las listas de espera crecen. Y esas listas justifican derivar pacientes —y dinero público— a la red privada. No es un accidente de gestión. Es una elección política repetida año tras año.
Lo que hace más grave esta tendencia es que el propio ejecutivo la reconoció en un documento oficial en 2024, acordado con la oposición y los sindicatos. En ese texto se admitía expresamente el incremento sostenido de la concertación con la privada en los últimos años, y la existencia de conflictos de interés entre quienes ocupan cargos públicos en sanidad y ejercen actividad simultánea en el sector privado.
Cada vez más personas de las tres provincias tienen seguro privado. Esa tendencia no refleja prosperidad. Refleja desconfianza. Una parte creciente de quienes vivimos aquí ya no esperamos que Osakidetza pueda atendernos a tiempo, y buscamos una alternativa que pagar de nuestro propio bolsillo.
El dato que el Departamento de Salud no quiere que sepas
En junio de 2025, respondiendo a una pregunta parlamentaria, el Departamento de Salud reveló un dato que debería haber ocupado todas las portadas.
Ese año, 106 médicas de familia finalizaron su formación en la CAV. De ellas, solo el 37% —38 personas— trabajan en Atención Primaria de Osakidetza. El 27% acabaron en los hospitales. Y el resto, más de un tercio, está en paradero desconocido. Otras comunidades, el sector privado, el extranjero.
No es un problema de falta de médicos formados. Es un problema de condiciones laborales tan malas que los médicos huyen en cuanto terminan su residencia.
El propio programa de «Rejuvenecimiento y Fidelización» que el ejecutivo lanzó como solución lo confirma involuntariamente: ofrece un complemento salarial a los médicos que trabajan en hospitales que no existe para los que trabajan en Atención Primaria. El sistema retribuye mejor a quien va al hospital y penaliza a quien va al centro de salud. Luego se sorprenden de que nadie quiera ir al centro de salud.
Cada uno de esos médicos que se marcharon representa cuatro o cinco años de formación financiada con nuestro dinero. Una inversión que se fue con ellos.
Lo que nos dejaron en herencia
Hoy, las listas de espera de cardiología superan los 3.500 pacientes. Hay personas esperando revisiones desde hace dos años. La lista quirúrgica pasó de 18.000 personas en 2019 a más de 24.000 en 2023, antes incluso de que la huelga actual la disparara hasta multiplicar por diez los casos de espera superior a seis meses. Osakidetza reconoce déficit de médicos en 55 especialidades y busca profesionales en el extranjero.
Este es el estado real del sistema que conquistamos y que nos administraron sin pedirle permiso a nadie.
Osakidetza no se deteriora porque sea inevitable. Se deteriora porque durante años se tomaron decisiones concretas: invertir menos en lo público, derivar más hacia lo privado, permitir que quienes gestionaban el sistema se beneficiaran de él al salir por la puerta trasera, y no cuidar las condiciones de los profesionales que lo sostenían.
Y todo eso se hizo sin explicárnoslo. Sin decírnoslo. Con la confianza de que seguiríamos creyendo que Osakidetza era lo que había sido.
Ya no lo es.
En el próximo artículo: lo que Madrid sí controla, por qué no lo suelta, y por qué al ejecutivo de las tres provincias tampoco le interesa demasiado que lo suelte.
Artículo basado en documentación parlamentaria, datos presupuestarios oficiales del Departamento de Salud, e informaciones publicadas por medios de las tres provincias.

el pse tuvo dos veces la consejeria el consejer fue Frire y el director general de Osakidetza acabo en la carcel, asi como varios cargos del departamento por fraude en llas primeras oposiciones
Euskadi es un pozo de corrupción.
La red tejida durante años por el PNV está enraizada hasta los tuétanos en la sociedad. Estómagos agradecidos que silencian, colaboran y se benefician. Empresas públicas, semipúblicas y privadas: nada escapa al entramado. Puestos de “confianza” a dedo, chanchullos con sindicatos, influencias, recompensas a familiares, amigos, entorno… todo vale.
Lo curioso es que, en el resto del Estado, se considera a Euskadi como un modelo de gestión ejemplar y se pone como ejemplo, sin ser conscientes de que aquí la situación nada tiene que envidiar a lo que pueda suceder en Valencia, Madrid o Galicia. Es más, me atrevería a decir que Euskadi los deja a la altura del barro.
Pero mientras unos siguen robando a manos llenas, muchos y muchas en la sociedad vasca siguen yendo a depositar el voto en las elecciones y dando vía libre a que estos canallas continúen expoliando al pueblo, incluso convencidos, en algunos casos, afirmando que para que me roben unos u otros prefiero que los que me roben sean de aquí. Estos son algunos de los argumentos que nos llevan al abismo por un lado y al podio de la idiotez por el otro.
Recuerden: dentro de poco serán elecciones y continuarán legitimando este teatro, aun siendo conscientes de cómo se actúa durante la obra. A veces, como sociedad, es cierto eso de que tenemos lo que nos merecemos.