SALUD ES MUCHO MÁS QUE AUSENCIA DE ENFERMEDAD

Autora – Arantza Urkaregi Etxepare
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su Constitución (1946), definió la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Hacer realidad esta definición y garantizar la salud a toda la población es una tarea compleja, que exige respuestas interdisciplinares y seguramente también definiciones más claras de qué es “bienestar físico, mental y social”, conceptos vinculados a la realidad social de los diferentes colectivos sociales.
Tras más de 60 años, esta definición sigue vigente y la quiero reivindicar como una forma de luchar contra la idea asistencialista de la medicina y en defensa de un concepto de salud que va más allá de la ausencia de enfermedad.
Me parece importante porque, como denuncia Carme Valls Llobet (1), existe una excesiva medicalización del cuerpo de las mujeres. Ella realiza esta denuncia en dos ámbitos: por un lado, la menopausia, que, en los países desarrollados, se trata más como una enfermedad que como un acontecimiento normal y universal; y, por otro, la salud mental. Me voy a centrar en esta última.
Según datos de la OMS, cerca del 15% de las personas mayores de 60 años padece algún trastorno de salud mental. A partir de los 65 años aparecen más trastornos en las mujeres, especialmente trastornos depresivos y ansiedad.
Según indica Carme Valls Llobet “en las farmacias, un 85% de los psicofármacos se venden a las mujeres, frente a un 15% que se vende a los hombres”. Y añade: “¿Existe más depresión y ansiedad entre mujeres o existe una cierta inclinación a ayudar a soportar la dureza de las situaciones discriminatorias y del papel de eternas cuidadoras a las mujeres haciendo acallar sus quejas y demandas con psicofármacos? La falta de diagnósticos adecuados o la falta de servicios sociales necesarios, o el sistemático papel de cuidadoras, no se puede confundir sistemáticamente con ansiedad” (2).
Asimismo, el hecho de que muchos de los procesos que causan dolor o cansancio (los dos primeros motivos de consulta entre mujeres) sean poco diagnosticados por falta de protocolos o de recursos, facilita un exceso de tratamientos con ansiolíticos o antidepresivos.

La mayoría de las causas de fatiga y de malestar entre mujeres y hombres se deben a un amplio abanico de interacciones entre condiciones biológicas, psicológicas, sociales y medioambientales que interactúan de forma diferente en hombres y mujeres. ¿Acaso el estrés físico y mental que produce la doble o triple jornada laboral que deben realizar las mujeres, así como el trabajo emocional que constantemente realizan en su papel de cuidadoras de toda la familia y de su entorno, la falta de comida o la sobrecarga interminable del trabajo doméstico en condiciones muy precarias, no influyen en el estado de salud de las mujeres?
Esta tendencia a la sobremedicalización no ha cambiado en estos años, como se pone de manifiesto en el estudio realizado en el Hospital de Cruces sobre “Análisis de la asistencia de Urgencias de Psiquiatría y Salud Mental desde una perspectiva de género: Trienio 2017-2019”, financiado por una beca de Emakunde, Una de sus conclusiones es: “La medicina convencional biologicista, con gran peso en la formación del colectivo médico, no contempla habitualmente ni la perspectiva psicosocial ni de género marcadamente desigual en la vida del 51% de la población mundial, tanto en el ámbito laboral (mayor precariedad y pobreza), como en el doméstico, donde los cuidados son en su mayoría de las mujeres”.
Ello conlleva que, a igualdad de diagnósticos, haya una medicalización importante de las mujeres, a las que se les prescriben, sobre todo, ansiolíticos y antidepresivos.
La soledad y la tristeza no son depresión, son problemas sociales que no se atajan con antidepresivos, sino que requieren soluciones más complejas. Y esas soluciones no se pueden conseguir ni por teléfono, ni en 5 minutos de consulta. El abordaje de estas cuestiones está muy vinculado a la situación de la Atención Primaria. Es necesario más personal, con mejores condiciones laborales y también con formación específica en perspectiva de género.
La salud es más que medicación y debe atender al resto de causas, tanto materiales como simbólicas, por las que las mujeres vivimos situaciones de vulneración y discriminación. Entre otras, la pobreza a la que se condena a muchas mujeres pensionistas con pensiones de miseria.
¿Abordarán estas cuestiones en la Mesa para el Pacto Vasco de Salud?
(1) Endocrinóloga de 75 años, pionera en la exigencia de la inclusión de la perspectiva de género en la medicina.
(2) La medicalización del cuerpo de las mujeres y la normalización de la inferioridad. Carme Valls Llobet. Congreso Sare de Emakunde (2008)
