Usurbil, Transformando los cuidados

Por Agurtzane Solabarrieta, alcaldesa de Usurbil

Preámbulo

Agradecemos a Agurtzane Solabarrieta, alcaldesa de Usurbil, por compartir esta valiosa experiencia que está convirtiendo a Usurbil en un referente innovador en el ámbito de los cuidados. Su propuesta de “pueblo cuidador” demuestra que es posible transformar radicalmente la manera en que entendemos y organizamos los cuidados, situando a las personas en el centro y reimaginando el papel de toda una comunidad en el cuidado mutuo. Una experiencia inspiradora cuyos aprendizajes pueden ser de gran valor para otras comunidades que busquen alternativas más humanas y sostenibles.

Usurbil, transformando los cuidados

Motivación

El cuidado es uno de los principales retos a los que se enfrenta esta sociedad del siglo XXI, ya que la pirámide demográfica proyectada para finales de esta década muestra que estamos ante una nueva realidad sociodemográfica. La sociedad es cada vez más envejecida y, en consecuencia, los cuidados de larga duración se están prolongando, los índices de dependencia van en aumento, las estructuras familiares cambian, y cada vez son más los ciudadanos que viven en una situación de soledad, y sobre todo de soledad no selecta, etcétera.

En este contexto, por tanto, se está produciendo un notable aumento de la demanda de cuidados, y la actual forma de organizar las tareas de cuidado no satisface las necesidades de la sociedad. Ante este momento crucial de la humanidad, es por tanto urgente diseñar estrategias populares para dar respuesta a este reto, y en Usurbil nos hemos dedicado a ello durante muchos años. Antes del estallido de la pandemia iniciamos la reflexión popular para transformar los cuidados. La propia pandemia no hizo más que hacer aflorar los problemas que tiene el sistema actual para sustentar los cuidados.

Esta estrategia tenía como objetivo conformar un ecosistema local que pretende garantizar la sostenibilidad de los cuidados de larga duración, territorializado, arraigado en Usurbil, con base comunitaria, con vocación de poner en el centro los deseos de las personas necesitadas de cuidados y, en consecuencia, orientado a los hogares o que tenga en cuenta alternativas o equipamientos “como en casa”.

¿Por qué mirando a las casas? Hay una evidencia: en todos los cuestionarios el 90% menciona que, aun necesitando cuidados, quieren vivir en casa. Si esto es así, nos hicimos las siguientes preguntas: ¿cómo podemos hacerlo para satisfacer los deseos de las personas? ¿Qué necesitamos para ello? ¿Qué papel puede jugar la comunidad en ello? Y aun no viviendo en casa quien necesita cuidados, ¿qué podemos hacer para estar como en casa? Tuvimos claro desde el principio cómo responder colectivamente a estas preguntas: que la construcción colectiva de este ecosistema local debía ser participativa, que debía ser construida de abajo a arriba, y que debía ser construida conjuntamente por la organización, el sector y la comunidad. Y tirando de esa premisa planteamos iniciar un proceso participativo.

Desde el principio miramos el ámbito del cuidado desde una perspectiva integral y el proceso abarcó todas las miradas/bordes/vértices. Así, participaron en este proceso representantes de empresas que ofrecen servicios de cuidados en nuestro territorio, cuidadores profesionales, trabajadores de cuidados en el hogar (en su mayoría migrantes), familiares (cuidadores de familiares dependientes), conciudadanos necesitados de cuidados, representantes de la comunidad, movimiento feminista, y representantes institucionales (como Osakidetza y DFG). Esta mirada ha sido clave en la construcción del ecosistema.

Horizonte: pueblo cuidador

A medida que avanzamos en el proceso fue cambiando la forma de entender los cuidados y ampliando nuestra mirada. Para nosotros no es suficiente, aunque no es poco, poner en marcha un modelo de cuidado centrado en las personas y articular el ecosistema. El horizonte debe ser la formación de pueblos cuidadores o pueblos que cuidan, si respondemos al reto, desde todas las dimensiones.

¿Por qué? Pues porque ese concepto nos pide ampliar la mirada e incluye todas las dimensiones. Nos obliga, inevitablemente, a trabajar el cuidado con transversalidad y visión sistémica, y convierte el cuidado en un elemento vertebrador o estructurador y cohesionador de un pueblo. Por ejemplo, a la hora de redactar el plan general de un pueblo, nos pide que trabajemos una organización y un urbanismo feminista que responda al cuidado y a la vida cotidiana; que trabajemos la movilidad activa y sostenible para promover la autonomía y seguridad de las personas que necesitan cuidados o de las personas mayores, diseñar calles accesibles, construir equipamientos para cuidarse mutuamente; que trabajemos desde los ámbitos culturales, por ejemplo, fiestas más inclusivas para que, aun necesitando cuidados, disfruten de las fiestas; que en los programas de coeducación se fomente el cuidado como valor y corresponsabilidad; que apostemos por el comercio local, por ponernos en el centro en la gestión de la diversidad, por las políticas de empleo, por el euskera… y un largo etcétera… el cuidado debe ser un sirimiri que impregne todos los ámbitos.

Una persona, un plan de vida

El cuidado de Usurbil es un objetivo que incluye el nuevo modelo de atención. En nuestra opinión, el hecho de que necesiten una protección adicional no significa que sean indefensos y no puedan decidir, ni que puedan ser tratados como si todos fueran unos e iguales, como si todos fueran débiles y dependientes, incapaces de decir lo que quieren y lo que necesitan.

Esta ha sido una de las claves para repensar un nuevo modelo de cuidado que tiene que tener como objetivo garantizar la continuidad en los procesos de cuidados de larga duración, seguir dando sentido a su vida sin que suponga una ruptura en el proyecto vital de la persona y posibilitar una vida digna y habitable. El sistema público debe ser capaz de ofrecer una atención que responda a las prioridades, deseos y decisiones de cada persona, para lo que es imprescindible proporcionar cuidados desde la integralidad de los servicios. Es decir, ofrecer planes de vida adaptados a cada persona y elaborados de forma participativa, alejándose de la pura lógica de los servicios. Centrar en la persona que necesita cuidados.

El Plan de Vida es una herramienta que facilita la toma de decisiones en torno a la propia vida. Se trata de un documento dinámico en el que la persona refleja lo importante para ella: se concretan las acciones y los recursos para seguir viviendo como la persona desea, de forma que sea tratada y atendida según sus valores, prioridades y necesidades.

El plan contempla a la persona en su conjunto y tiene en cuenta diferentes ámbitos de su vida. Muchos de estos ámbitos se pueden dar en contacto con otras personas y en el contexto local. Por tanto, todo ciudadano y hasta el propio pueblo pueden ser, en parte, responsables del cuidado de esa persona. Dependiendo de lo que le ofrezca el entorno, una persona muy necesitada de cuidados podrá hacer más o menos cosas, de forma más autónoma o dependiente, o se sentirá parte o fuera de la comunidad.

Transformación de los Servicios Sociales y construcción del ecosistema

Ofrecer un modelo comunitario de atención centrada en la persona y aprovechar y articular las posibilidades que ofrece la comunidad para sus conciudadanos necesitados de cuidados, es decir, para desarrollar el plan de vida, es imprescindible transformar los servicios sociales de base de los actuales ayuntamientos y, por tanto, modificar la actual legislación marco. En todo este debate este aspecto es clave: difícilmente vamos a transformar los cuidados si previamente la Administración no se transforma a sí misma.

En la actualidad, la cartera de Servicios Sociales de la CAPV determina las competencias y funciones de cada administración. Los ecosistemas locales requieren romper con esa lógica y organización o estructura administrativa, revisar los actuales marcos competenciales si se quiere cambiar el modelo de atención a las personas, es decir, hay que obviar la lógica y la organización de las prestaciones y servicios en función de las valoraciones de dependencia y hacer prevalecer la lógica de un itinerario integral (un plan de persona-vida) que tenga en cuenta las necesidades de las personas y transitar hacia ella.

En esta transformación estamos en Usurbil, sin apoyo legal (la actual Ley 12/2008 de Servicios Sociales se nos ha quedado totalmente obsoleta) y guiados por el voluntarismo y la vocación transformadora de los trabajadores sociales. Así que no puedo estar más agradecido, si no fuera por todos esos compromisos y horas de trabajo demostrados durante todos estos años, en estos momentos no estaríamos donde estamos. Esta vía la hemos realizado con la ayuda técnica de la Fundación Matía que hemos tenido contratada mediante licitación.

Por otro lado, para poder ofrecer Planes de Vida, es imprescindible involucrar a todas las personas y agentes que tienen algo que decir en el cuidado de una persona, es decir, trabajar en torno a un ecosistema local, situando en el centro a las personas que necesitan cuidados. Esto requiere garantizar la coordinación y sistematización de los trabajos de los diferentes servicios y agentes de cuidado que trabajan en la localidad, creando una nueva organización y estructura.

Este es, por tanto, nuestro modelo de gobernanza para el cuidado: la gobernanza colaborativa. En la actualidad se han creado diferentes grupos de trabajo que actúan desde una perspectiva ecosistémica:

• Mesa de coordinación del personal de atención directa (Egurtzegi, Atención Diurna, Centro de Día, servicio a domicilio, escuela de la experiencia, taller de memoria…)

• Grupo de coordinación sociosanitaria formado por trabajadores sociales y médicos y enfermeras de la localidad

• Equipo de cuidado comunitario

• Grupo de personas con necesidad de cuidados

• Equipo de cuidadores profesionales

• Equipo de cuidadores familiares

Todos estos grupos están vinculados entre sí y la Trabajadora Social de referencia se encarga de la coordinación entre todos.

Asimismo, es necesario que los servicios de cuidado trabajen en función del ecosistema: la nueva licitación de los servicios de cuidado que ofrece el ayuntamiento los ha adaptado a los contenidos del ecosistema y a las formas de trabajo. Hasta ahora lo ha hecho posible la voluntad y la adhesión de las empresas y, en adelante, se les exigirá como obligación.

Condiciones laborales dignas

Estamos hablando de una transformación de cuidados que no podremos transformar totalmente si no mejoramos y dignificamos las condiciones laborales de los trabajadores que trabajan en este ámbito. Esta base también la tenemos muy presente en este proceso de transformación. De hecho, nuestra premisa desde el principio ha sido clara: todos tenemos derecho al cuidado, pero no en detrimento de los derechos de otra persona, por lo que los cuidados no deben estar atravesados por variables de género, raza, origen o clase. El cuidado debe dejar de ser responsabilidad exclusiva de las mujeres, y además de prestigiar y reconocer valor a las tareas de cuidado, nos corresponde a todos garantizar un ejercicio en condiciones dignas, ya sea en el ámbito público o en el privado.

Comunidad e implicación de los hombres

Como han visto, el nuevo modelo de cuidado tiene una profunda base comunitaria. Muchos agentes e individuos que forman parte de la comunidad están articulados en esta estructura, pero la participación e implicación de los hombres todavía no es alta.

Por dar un dato: el 80% del proceso participativo han sido mujeres y, sobre todo, mujeres mayores de 60 años. Por lo tanto, el vacío sigue siendo evidente, ya que las mujeres asumimos la responsabilidad de los cuidados, responsabilidad que los hombres no asumen. De no conseguirlo, difícilmente podremos transformar los cuidados. La transformación no será completa, y en eso, aún tenemos tarea.

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One Comment

  1. He sido Trabajadora Social, tengo 77 años, participo en un centro de mayores como secretaria, también el el grupo motor Lagunkoiak y en el Banco de tiempo de Barakaldo.
    He leído detenidamente su proyecto transformador de los cuidados y no puedo estar mas de acuerdo con el. Solo veo un problema que la Ley y el reparto de competencias impide que municipios mas grandes puedan ni siquiera acercarse a este proyecto transformador no solo de los cuidados tambien de la comunidad para mejorar la vida de las personas que precisan ser cuidados,(de niños a personas mayores)

    Y se me ocurre… los Colegios de Trabajo Social pueden realizar un estudio de como los están los cuidados hoy en dia y cuales serian las transformaciones necesarias para que los cuidados respondan a las necesidades de las personas y no al revés como sucede hoy en dia. Demostrar que la Ley es obsoleta que institucionaliza, segrega y patologiza a las personas que precisan cuidados. Demostrar que los cuidados son una responsabilidad comunitaria y que para ello es necesario la participación de la ciudadania, la coordinación y cooperación de profesionales para ir acercándonos hacia un modelo donde las necesidades de las personas y su interrelacion comunitaria sea la base de los cuidados.

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